Por Manuel Iraola, periodista y dirigente de la RS/LIS*
La coyuntura se ha vuelto cada vez más confusa en las últimas dos semanas, con declaraciones y noticias contradictorias, particularmente cuando la COB (Central Obrera Boliviana) y otros sectores empezaron a hablar de negociaciones. Frente a la incertidumbre de la clase trabajadora, los campesinos y los sectores populares, las luchas comenzaron a debilitarse. Aun así, ayer se cumplieron 50 días de huelga general y 45 días de bloqueos, aunque algunos ya están más desgastados y parciales.
El gobierno de Rodrigo Paz estuvo semiparalizado durante todo este período y no logró aplicar ninguna medida represiva contundente. Cuando hicieron un intento en San Julián, una ciudad de 45 mil habitantes en el interior de Santa Cruz, la policía fue derrotada y escapó, momento en el que los campesinos destruyeron y quemaron el puesto policial. Es evidente que, en el conjunto del país, hay un poder paralelo en las avenidas, carreteras, fábricas y parte de los servicios públicos.
La política de la derecha tradicional y de la ultraderecha es la de exigir al gobierno la militarización del país, porque esa burguesía concentrada en la región de Santa Cruz, aun contando con grupos paramilitares, no ha logrado actuar de forma contundente.
La burguesía en su conjunto no encontraba una salida debido a que la consigna fundamental del pueblo era la renuncia del presidente; por lo tanto, el miedo de la burguesía era que una represión indiscriminada pudiera provocar el inicio de una guerra civil. Es decir, el gobierno no hace lo que quiere, hace lo que puede.
La COB que, presionada por las bases, venía cumpliendo un rol preponderante y representando al conjunto de la clase trabajadora y a sus aliados, comenzó a retroceder y a cambiar de objetivo. Asambleas multitudinarias, llamadas Cabildos Abiertos, votaron por el “Fuera Rodrigo Paz” y por no negociar con el gobierno. La Central se negó a aceptar lo que sectores de izquierda de miles de activistas de base pedían: que la COB asumiera el gobierno, que tomara el poder político del país en sus manos.
Los campesinos, especialmente los de Tupac Katari, firmaron un “Pacto de No Traición” con la COB para ir hasta el final. Hoy están indignados porque la dirección de la Central incumplió el pacto y por eso no están participando de las negociaciones. En el primer intento de negociación, los dirigentes de la COB fueron apedreados.
Una parte de la población, como gremiales (vendedores ambulantes), artesanos, trabajadores del transporte urbano y del comercio, quieren que la situación se normalice porque sin movimiento no tienen sustento.
La escasez de productos e insumos es algo pocas veces visto; las estaciones de servicio enfrentan filas literalmente kilométricas, faltan carnes, verduras, medicamentos, e incluso el menú de los restaurantes se ha reducido; muchos comercios están cerrados y el aumento de los precios se duplicó o triplicó.
Sabemos también que dirigentes de diversos sectores comenzaron a negociar por separado debilitando la lucha general, incluso los dirigentes de las principales minas estatales, de Colquiri y Huanuni, vanguardia de la clase obrera desde la década de 1950.
El día 18, después de idas y vueltas, se iniciaron las negociaciones entre el gobierno y los huelguistas. Según la prensa, participaron un centenar de dirigentes de la COB, de la FEJUVE (vecinos de El Alto) y otras organizaciones. La reunión fue suspendida y quedó en un punto muerto. El día 19 hubo acusaciones públicas del gobierno, de diputados y de partidos políticos contra los manifestantes, y más exigencias de dirigentes mineros y campesinos. Quedó un estancamiento, no había reunión programada, pero el día 20 la negociación continuó al final de la tarde.
Finalmente se cerró un “Acuerdo” y una especie de negociación permanente. Las declaraciones son muy genéricas y, hasta el momento, no se han presentado documentos escritos. La declaración más firme es la del gobierno y sus ministros, asegurando que liberarían las rutas en un plazo de 48 horas. De hecho, las tropas del ejército y de la policía se están instalando en las principales carreteras del país por donde circulan las mercancías, incluyendo El Alto y, con mayor lentitud, en los bloqueos de los campesinos. El gobierno estaría “revisando” los procesos de los sindicalistas detenidos y acusados, pero no prometió la libertad de todos; declaró que la militarización de las rutas no sería para reprimir sino solo para despejarlas, aparentemente apostando a convencer e intimidar aprovechando el retroceso de la COB.
La Central, por su parte, pidió el fin de las manifestaciones y dijo que el gobierno cumplirá un acuerdo que tiene 29 puntos, entre ellos la “promesa” de no privatizar. No habló de cuáles demandas se cumplirían ni sobre los días no trabajados de los huelguistas. Por otro lado, la organización Tupac Katari declaró que mantendría los 47 bloqueos en las carreteras.
En la tarde de hoy, los periódicos anuncian que: *“A pocas horas de la aplicación de la Medida de Excepción, Cochabamba, La Paz y El Alto muestran los primeros signos de recuperación”*. El ministro de Defensa, Ernesto Justiniano, afirmó que *“será gradual y por un plazo de 90 días. No existe toque de queda”*.
A nuestro entender, parece iniciarse una “normalización” de la situación que afectará de forma desigual a las distintas ciudades y sectores sociales. A corto plazo se descubrirá cuáles son esas promesas del gobierno y si las cumplirá. La indignación popular podría traer, a corto plazo, nuevas luchas contra el gobierno. Por otro lado, la frustración con los dirigentes que traicionaron la lucha podría generar un nuevo proceso de articulación de liderazgos clasistas y antiburocráticos que busquen nuevos caminos para reorganizarse.
En síntesis, podemos decir que en este fantástico levantamiento revolucionario la dirección del movimiento desperdició, una vez más, una oportunidad de esas que se dan cada 10 o 20 años; estando a las puertas de la Casa de Gobierno, con un poder obrero y popular dispuesto a todo, incluso a tomar el poder, retrocedió para pactar. Se negó a asumir el poder mediante la acción directa de las masas y prefiere los mecanismos de las elecciones burguesas dominadas por los ricos y poderosos.
La desmovilización por parte de la cúpula de la COB, encabezada por Mario Argollo, fue trágica para los luchadores y huelguistas. Incluso si se tratase solo de un movimiento reivindicativo, la mayor traición de esta dirección no es solamente la de retroceder, sino la de no consultar a las bases y la de rendirse, en nombre de la clase trabajadora, a la conciliación de clases, subordinándose al propio gobierno de Paz. Argollo usó frases impensables el mes pasado, tales como: “pacificar al país”… “estamos haciendo esto para que no se derrame sangre”… “participemos del diálogo, no permitamos que nuestro país sufra más”… “no quedemos como el villano de la película”. Y respondió a las críticas del pueblo: “Yo no soy un traidor, debemos cuidar a las bases”…
El último capítulo de esta larga batalla será definido por la lucha de clases, por la disposición de este incansable pueblo boliviano para continuar la pelea por sus demandas.
Continuamos declarando y demostrando, incluso aquí en Bolivia, nuestro apoyo incondicional a la clase trabajadora boliviana, a su lucha para gestar una nueva dirección para la COB, derrocar a todos los dirigentes sindicales, campesinos o populares que abandonaron o traicionaron abiertamente este proceso revolucionario, y construir una nueva dirección sindical y política a la altura de este pueblo aguerrido.
- ¡Por el fin del Estado de Excepción, de la represión y de la ocupación militar!
- ¡Libertad inmediata de todos los luchadores y luchadoras detenidos!
- ¡Por un Cabildo Abierto para definir los pasos a seguir tras el absurdo Acuerdo!
- ¡Exigir cuentas a la cúpula de la COB por la falta de consulta a las bases y por el incumplimiento del “Pacto de No Traición”!
*Firma: Delegación brasileña compuesta por compañeros de la RS (Revolução Socialista), integrante de la LIS (Liga Internacional Socialista) y de Unidos pra Lutar, integrada por dirigentes del Sindicato de Químicos de São José dos Campos/São Paulo.
Nota: La información presentada fue recopilada directamente en los piquetes de El Alto, en manifestaciones en La Paz, en conversaciones con decenas de vecinos, con activistas y militantes, y a través de noticias de la prensa local.





