Una crítica política de las posiciones de LC desde la perspectiva del marxismo revolucionario.
Por Marco Ferrando
Lotta Comunista es una organización “sui generis” de la izquierda italiana, fundada en el ya lejano año 1965. Diversas organizaciones de otros países, en gran medida de tradición trotskista, han conocido a LC con ocasión de los encuentros internacionales anuales (2023-2026), promovidos principalmente por LC y por NPA-R en Milán y París. Sin duda, la relación privilegiada que el NPA-R francés ha decidido establecer con LC ha contribuido a su reconocimiento internacional.
Consideramos, por tanto, importante y útil esclarecer la naturaleza política de Lotta Comunista. Y, sobre todo, confrontar la imagen que la organización tiene de sí misma con la realidad.
LC es una organización de dimensiones relativamente importantes, con varios miles de militantes. Probablemente sea la organización más numerosa de la extrema izquierda italiana, con presencia en las fábricas y entre los estudiantes (tanto universitarios como de enseñanza secundaria); cuenta además con una implantación territorial bastante amplia, aunque distribuida de manera (muy) desigual, y dispone de numerosas sedes y de un sólido aparato de cuadros permanentes. El subtítulo que figura en su periódico homónimo (“Grupos leninistas de la Izquierda Comunista”), junto con algunas de las posiciones de la organización que analizaremos más adelante, ha llevado con frecuencia a asociar a LC con la tradición bordiguista (de Amedeo Bordiga, fundador y primer secretario del Partido Comunista de Italia, cuyo extremismo inicial fue objeto de la polémica de Lenin en “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”). En realidad, se trata de una asociación impropia. LC no procede del bordiguismo ni ha reivindicado nunca esa filiación. Su grupo fundador proviene, por el contrario, de las filas del anarquismo, concretamente de los GAAP (Grupos Anarquistas de Acción Proletaria), surgidos en 1951 bajo la bandera del comunismo libertario. Durante la década de 1950, este grupo colaboró en la breve experiencia de “Azione Comunista”, corriente de oposición interna y externa al PCI en torno a su VIII Congreso (1956). Posteriormente, el grupo dirigido por Cervetto y Parodi experimentó una evolución ideológica gradual: rompió definitivamente con el anarquismo y dio origen a LC sobre la base de una reivindicación formal del “leninismo”.
Sin embargo, nada resulta más ajeno al ABC del leninismo que las posiciones teóricas, las orientaciones políticas y las formas de organización de LC. En cambio, algunos rasgos del anarquismo originario permanecen como un sustrato residual, discreto pero persistente.
LC Y EL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO
Partamos de las formas de organización. LC ignora el centralismo democrático. No ha celebrado ni un solo congreso auténtico en 60 años, ni a escala nacional ni en el ámbito de los distintos círculos territoriales (la estructura básica de LC). Sus dirigentes no son elegidos, sino nombrados o autodesignados por el “centro”. Incluso sus nombres son formalmente desconocidos para la gran mayoría de los militantes y, por lo general, se deducen de las firmas que aparecen al pie de los artículos del periódico mensual. La definición de las posiciones políticas de la organización está sustraída a cualquier forma de votación interna. La discusión política y la confrontación de posiciones son prácticas ausentes en LC, desde siempre y en todos los niveles. El único espacio de discusión es el que se abre con el nuevo contacto que participa en una iniciativa pública del círculo territorial y que, eventualmente, plantea dudas o preguntas. Pero ese espacio no existe dentro de la organización militante.
En la larga historia de LC, quien ha planteado cuestiones de línea o incluso simples diferencias tácticas respecto de decisiones concretas ha sido sistemáticamente apartado del partido. LC presume de no haber sufrido escisiones, a diferencia de otras organizaciones, gracias a la supuesta solidez granítica de su línea. En realidad, ha conocido varias, de distinta importancia y, en su mayoría, de carácter local (en Lombardía, Liguria, Turín, Nápoles…). Sin duda, esa compactación granítica constituye un deber disciplinario, tanto individual como colectivo. Quien incumple ese deber manifestando cualquier tipo de discrepancia “se autoexcluye”, ya sea un individuo o un grupo. Quien “se autoexcluye” ha sido sometido en ocasiones a un trato propio de un “paria”: “piojos” fue el apelativo público reservado a un grupo de compañeros que se separó en Génova a comienzos de los años setenta. Otros compañeros fueron expulsados de LC en 1972 tras una asamblea-proceso sin posibilidad de defensa, convocada expresamente en la sede de Génova Sampierdarena, después de haber sido obligados a pasar entre dos filas del servicio de orden que gritaban y proferían amenazas. Son solo algunos ejemplos.
Resulta, desde luego, difícil comparar el centralismo democrático leninista con esta práctica organizativa.
EL PENSAMIENTO DE ARRIGO CERVETTO Y EL RITUAL DE ORGANIZACIÓN DE LC
Como toda secta, la organización tiene su propio gurú. Se trata de Arrigo Cervetto, fundador de LC junto con Lorenzo Parodi, ambos procedentes del anarquismo en los años de la inmediata posguerra y fallecidos desde hace tiempo. El pensamiento de Cervetto es el alfa y el omega de LC, del mismo modo que, para entendernos, el pensamiento de Ocalan es el alfa y el omega del PKK. Se le cita, se le exalta, se le transmite como objeto de un auténtico culto. Cada número del periódico mensual de LC lo evoca, de un modo u otro, para rendir homenaje al dogma. Si el centralismo “orgánico” de Bordiga situaba el “Programa Comunista” como sustituto del centralismo democrático leninista, LC hace lo mismo con el pensamiento de Arrigo Cervetto, colocado por encima de la jerarquía del partido como una especie de credo. Es la teoría del “partido ciencia”. El método “científico” es el de Arrigo Cervetto. No se discute; a lo sumo, se interpreta.
Como toda secta, la organización tiene también su propio ritual. La indumentaria de chaqueta y corbata de sus militantes constituye un signo de reconocimiento público de LC. Y, sobre todo, pretende serlo. La “seriedad” de la organización pasa por la “seriedad” de sus militantes. Y la seriedad de sus militantes pasa por una forma de vestir rigurosamente austera y tradicional. Es un signo de diferenciación frente a la supuesta “decadencia pequeñoburguesa, descuidada y desaliñada” que caracterizaría a la mayoría de los activistas de la izquierda. Lo mismo ocurre con el corte de pelo. Llevar el cabello corto constituye una orientación general para los militantes de LC. A comienzos de los años setenta, el rechazo de los llamados “melenudos” fue objeto de reuniones convocadas expresamente, con la correspondiente imposición política colectiva, en total contraste, como puede comprenderse, con las costumbres de la juventud rebelde de aquella época. Muchos militantes de LC se vieron obligados, muy a su pesar, a ponerse al día con esa norma.
La actividad de Lotta Comunista consiste, ante todo, en la venta de su periódico mensual. El periódico (“Lotta Comunista, órgano de los grupos leninistas de la Izquierda Comunista”) posee un perfil inconfundible. El editorial de apertura pretende ser siempre altamente “teórico”, mientras que la síntesis política de la coyuntura queda reservada para la última página. Todo ello en blanco y negro, rigurosamente sin imágenes. La teoría del “partido ciencia” impregna todos los artículos del mensual. Los temas tratados abarcan desde la historia del movimiento obrero hasta el análisis de la economía mundial y las relaciones interimperialistas, mediante un método de interpretación generalmente muy economicista, en el que todo fenómeno superestructural es reducido a un dato económico subyacente. Una suerte de materialismo vulgar y no dialéctico. Los temas propios de la lucha política cotidiana, ya se trate de un referéndum, de una ley reaccionaria, de una controversia política de actualidad, especialmente en el terreno de la política interna, suelen quedar al margen porque escapan a la órbita de intervención política de LC. El lenguaje del periódico es deliberadamente rebuscado, en ocasiones críptico, reservado para iniciados. Su capacidad comunicativa, tanto hacia la vanguardia como hacia amplios sectores de masas, es inversamente proporcional a la amplitud de su difusión militante. LC reconoce la “dificultad que se encuentra al leer nuestro periódico”, atribuyéndola “al método marxista con el que el periódico observa y juzga los acontecimientos”. Pero no es así. Entre otras razones, porque con frecuencia son precisamente “los acontecimientos” de la política real los grandes ausentes de la prensa de LC.
En realidad, la función prioritaria del periódico de LC no consiste en popularizar la posición del partido, explicarla, desarrollarla o hacerla accesible a los lectores con el fin de elevar su conciencia política. Su función consiste, más bien, en marcar la superioridad elitista del “partido ciencia” frente a cualquier otra publicación u organización. Cuanto menos comprensible resulta el periódico para la mayoría, tanto más parece demostrada la superioridad del “partido ciencia”. Y cuanto más demostrada aparece esa superioridad, más aumenta el prestigio de la organización. El periódico termina convirtiéndose en el reflejo, un tanto narcisista, de la organización que lo produce. A lo sumo, el “organizador colectivo” de una secta, desde luego no de un partido leninista.
EL RECHAZO DE TODA UNIDAD DE ACCIÓN Y DE LA POLÍTICA DEL FRENTE ÚNICO
LC rechaza desde siempre toda unidad de acción con otras formaciones de la izquierda política y sindical en el terreno de la lucha política. Tanto en el terreno del frente único de masas como en el de la unidad de acción en la vanguardia. Las manifestaciones políticas unitarias ordinarias de oposición al gobierno burgués, cualquiera que este sea, han sido sistemáticamente desatendidas por LC a lo largo de toda su historia. Desde las manifestaciones unitarias de la extrema izquierda de comienzos de los años 70 por la liberación de compañeros injustamente acusados (célebre el caso del anarquista Valpreda, acusado de las bombas de Piazza Fontana en Milán, colocadas en realidad por fascistas extremistas), hasta las manifestaciones unitarias en defensa de fábricas ocupadas (por ejemplo, recientemente la fábrica metalúrgica GKN de Florencia), las manifestaciones unitarias contra las leyes policiales y/o antiinmigrantes, por citar solo algunos ejemplos entre los muchos posibles. Lo mismo vale para los propios movimientos de masas contra la guerra, que normalmente ven la convergencia unitaria de las distintas organizaciones de la izquierda política y/o sindical con la sola excepción de Lotta Comunista.
La presencia de LC en cada una de estas citas se reduce a la venta separada, con chaqueta y corbata, de su propio periódico, al margen de las manifestaciones. Incluso en el caso de las manifestaciones de masas anuales del 25 de Abril (aniversario de la liberación de Italia del régimen fascista), LC se distingue por su propia ausencia. La única excepción se reserva al Primero de Mayo. El Primero de Mayo de cada año ve, en las principales ciudades del Norte, al final de la manifestación unitaria, el bloque, a menudo consistente, de Lotta Comunista. A la preparación de este bloque LC dedica meses de compromiso propagandístico de sus propios círculos territoriales con la movilización de todos sus contactos. El Primero de Mayo es el momento en que LC exhibe su partido. Una especie de “misa anual” funcional para gratificar el patriotismo de organización.
LOS MÉTODOS “MUSCULARES” DE LC EN SUS RELACIONES CON LA IZQUIERDA
Las relaciones de LC con otras formaciones de la extrema izquierda han conocido el recurso a métodos violentos. En particular en los años 70, pero no solo. Hay un episodio que marcó ab origine esas relaciones: la agresión miserable y extremadamente violenta sufrida por LC en 1972 en Milán por parte del servicio de orden de una formación estalinista (el llamado “Movimiento Estudiantil” de Mario Capanna), combinada con la infame calumnia de presentar a LC como una organización “fascista”.
En lugar de denunciar políticamente lo sucedido en nombre de la democracia obrera, LC reaccionó con un giro “militarista” especular frente a todas las organizaciones de la extrema izquierda, como Lotta Continua e incluso Avanguardia Operaia (que, sin embargo, había defendido a LC frente a los estalinistas). Más en general, LC practicó, a partir de Génova (su bastión histórico), una línea de cierre “militar” de sus propios espacios, es decir, de los espacios que controlaba, contra toda posibilidad de intervención política de organizaciones rivales. Por ejemplo, en mayo de 1975, en Génova, su servicio de orden agredió a los militantes de un colectivo universitario que había osado criticar públicamente el uso indiscriminado de costosos apuntes universitarios por parte de profesores cercanos a LC. En particular fueron agredidos los trotskistas que formaban parte de aquel colectivo, los cuales se vieron obligados a impulsar un frente único de la extrema izquierda de la ciudad contra los métodos de LC, en defensa de la democracia obrera.
Ha corrido mucha agua bajo los puentes desde entonces. LC ha atenuado sin duda las formas más radicales de su propia intolerancia. Pero no siempre. Militantes del Partito Comunista dei Lavoratori sufrieron en 2017, en Génova, empujones, patadas y el desgarro de banderas, por el solo hecho de haber distribuido panfletos a la entrada de la fábrica siderúrgica de Ilva, “controlada” sindicalmente por LC, expresando algunas críticas a la línea sindical. Formas de intervención “militar” fueron practicadas por LC contra grupos y compañeros que habían abandonado su organización en Lombardía, mediante acciones destinadas a impedir físicamente la celebración de sus asambleas convocadas públicamente. No por casualidad, la cuestión de la democracia obrera y de los métodos utilizados por LC hacia otras formaciones fue objeto hace años de un intercambio público de críticas entre LC y Lutte Ouvrière francesa.
A partir de los últimos años asistimos a un cambio positivo de actitud por parte de LC, en particular hacia los trotskistas. Con modalidades de relación pacíficas y más respetuosas. E incluso con alguna colaboración y disponibilidad editorial. Pero el cambio de actitud se ha producido empíricamente, sin una racionalización autocrítica de los métodos del pasado. Lo que expone a LC al riesgo de nuevos actos de reacción (o “excesos de legítima defensa”, por utilizar un eufemismo), como ocurrió con ocasión de los enfrentamientos en Milán y Roma con activistas pro palestinos durante las “ocupaciones” de las respectivas universidades. En definitiva, falta en LC una cultura leninista y de principios en materia de relaciones con las demás organizaciones del movimiento obrero. Es un reflejo de la autocentralidad sectaria de la organización.
LA EXTRAÑEZA DE LC FRENTE A LOS MOVIMIENTOS NO DIRECTAMENTE PROLETARIOS
LC ignora las razones y las reivindicaciones de los movimientos de masas no directamente proletarios. Tanto los movimientos de masas juveniles, como el gran movimiento antiglobalización de comienzos de los años 2000, como los movimientos de liberación de las mujeres y de otras minorías particularmente oprimidas (LGBT), como, más en general, los movimientos de lucha de carácter democrático, ecologista, pacifista o antifascista. Toda cuestión de carácter democrático, no directamente clasista, suscita la indiferencia y el desinterés de LC. La concepción leninista de ¿Qué hacer?, que subraya la necesidad de combatir toda forma de opresión para construir una hegemonía de clase anticapitalista sobre toda demanda de liberación, es completamente ignorada por LC. Para LC se trata fundamentalmente de temas y terrenos propios de la pequeña burguesía intelectual, no de la clase obrera. En 1974, incluso sobre la cuestión del referéndum sobre el divorcio, LC permaneció durante mucho tiempo indecisa, para pronunciar finalmente un trabajado SÍ con el fin de evitar tensiones en su propia base. En realidad, sobre la cuestión de los derechos civiles, LC avala prejuicios regresivos presentes entre los trabajadores, obstaculizando el desarrollo de su conciencia y ofreciendo de hecho cobertura a posiciones de extracción estalinista.
Constituye una excepción, aunque solo en parte, la intervención de LC sobre la inmigración. En este terreno, particularmente a partir de la pandemia, LC ha desarrollado un trabajo específico de solidaridad y asistencia (recogida de alimentos y ropa, cursos de enseñanza del idioma…), en el que ha implicado a varios de sus círculos territoriales. Pero también en este terreno, donde expresa una posición “progresista”, LC nunca se ha comprometido contra la legislación xenófoba y reaccionaria de los gobiernos burgueses ni a favor de la ampliación de los derechos de ciudadanía. No porque LC mantenga posiciones favorables a esa legislación reaccionaria. Sino porque, en general, no interviene en el terreno de la lucha política democrática, ni como partido, ni mucho menos en frente único con otras organizaciones. El terreno que realmente abandona es el de la política.
LA CAPITULACIÓN DE LC ANTE LA BUROCRACIA SINDICAL DE LA CGIL
La intervención de LC en el terreno de la lucha de clases tiene una impronta fuertemente economicista. En los años 70, LC alimentaba una visión obrerista vulgar que, en esencia, reducía la clase obrera a la fábrica. Los sectores proletarios empleados en los servicios eran considerados consumidores de plusvalía y, por tanto, ajenos a la clase. Fue famosa la denuncia de los “privilegios” de los barrenderos en comparación con los obreros metalúrgicos que trabajaban en la producción (mientras arreciaba la denuncia de LC contra “los tenderos”, tratados al mismo nivel que los patronos). Posteriormente esta visión cambió positivamente, incluyendo en el proletariado al conjunto de la clase. En cambio, permaneció inalterada una orientación fundamentalmente salarial de la línea de intervención sindical, en detrimento, por ejemplo, de la reivindicación de una drástica reducción de la jornada laboral sin reducción salarial. Con mayor razón, falta por completo en LC toda concepción leninista de carácter transitorio que sirva de puente entre los objetivos mínimos y la perspectiva revolucionaria.
Sin embargo, este no es el aspecto más negativo de la línea de intervención de LC en la clase. El elemento más negativo reside en la subordinación de LC a la burocracia dirigente de la CGIL. Salvo excepciones, breves y parciales, LC apoya sistemáticamente a la burocracia dirigente del principal sindicato italiano frente a la oposición interna de izquierda y/o consecuentemente clasista. Se trata de una línea profundamente oportunista. Tanto más cuanto que la burocracia de la CGIL constituye hoy, de hecho, también la dirección política del movimiento obrero en Italia. Como tal, es la principal responsable no solo de los graves retrocesos de la clase trabajadora en su condición social (empezando por el desplome de los salarios), sino también del profundo reflujo de sus niveles de movilización y de la amplia penetración, en sus filas, de sugestiones reaccionarias y populistas. LC no solo no denuncia esas responsabilidades, no solo no lucha por un giro unitario y radical de las plataformas y de las luchas, sino que apoya directamente a la burocracia en todas las instancias de confrontación, empezando por los congresos confederales y de federación, negociando a cambio su propio espacio y papel en las direcciones nacionales y locales. Exactamente lo contrario de una línea leninista: una línea de colaboración con “los agentes de la burguesía” en el movimiento obrero.
No solo eso. La línea de intervención de LC en el desarrollo concreto de los conflictos laborales ha subordinado en más de una ocasión el interés de la clase a su propio interés de organización (real o supuesto). Un solo ejemplo, reciente. Ilva es la principal empresa siderúrgica de Italia y de Europa, con 12.000 asalariados. Se encuentra en crisis desde hace mucho tiempo. Ahora se anuncia una nueva reestructuración antiobrera, eventualmente vinculada a un nuevo cambio de propiedad, que apunta a reducir aún más las plantillas, jugando con una posible división entre los obreros de la planta de Tarento (la planta más grande y más discutida) y los obreros de las otras dos plantas (Génova y Novi Ligure). Lotta Comunista dirige en Génova la FIOM (el sindicato metalúrgico de la CGIL) a escala de la ciudad y en la planta de Ilva. Su principal dirigente sindical en la fábrica declaró públicamente que “la planta de Génova no quiere dejarse arrastrar a la ruina por la de Tarento”. Una disponibilidad declarada para avalar la división entre los obreros del Norte y del Sur con el fin de proteger la planta genovesa y, con ello, su propio papel como organización. Una organización dispuesta incluso a la “lucha dura” cuando se trata de defender su propio papel, pero a costa de la unidad de la clase trabajadora frente al gobierno y los patronos. Una defensa del partido antepuesta a la defensa unitaria de la clase.
LA POSICIÓN ANTILENINISTA DE LC SOBRE LA “CUESTIÓN NACIONAL”
LC ignora totalmente las luchas de liberación nacional contra el imperialismo. Este es un punto central de caracterización de LC, el más conocido tras la experiencia de los encuentros internacionales de los últimos años.
Conviene ser claros sobre la particular gravedad de la posición de LC. No se trata de una divergencia de análisis sobre la guerra de invasión del imperialismo ruso en Ucrania (por ejemplo, acerca del mayor o menor peso del elemento interimperialista en esta guerra), ni de una divergencia sobre la naturaleza de las direcciones de la resistencia palestina, salvo de manera indirecta. Se trata, en general, indistintamente y de forma premeditada, de la negación de la propia existencia de nacionalidades oprimidas y del principio mismo de su defensa frente al imperialismo.
Según Lotta Comunista, la última guerra de liberación nacional progresiva fue la de Vietnam. En el medio siglo posterior, la expansión global del imperialismo (el llamado “imperialismo unitario” teorizado por Cervetto, que, según él, incluía también a la URSS) habría disuelto y absorbido toda cuestión nacional residual. Dicho como lo expresó autorizadamente un dirigente de LC en el último encuentro de París: “no existen los pueblos, existen las clases”. En todas partes solo capital y trabajo, proletarios y burgueses, capitalistas y asalariados. Punto. Toda distinción elemental entre países imperialistas y Estados coloniales o semicoloniales es explícitamente rechazada en nombre del internacionalismo proletario. Un internacionalismo indiferente a las liberaciones nacionales y, más aún, contrapuesto a ellas.
En términos mucho más groseros, esta es exactamente la posición que Lenin denunció como “economicismo imperialista” en sus escritos fundamentales sobre la autodeterminación de las naciones entre 1915 y 1916, en polémica con Luxemburg, Radek y Piatakov. Con una diferencia. Lenin reivindicaba la necesidad de luchar por el derecho de autodeterminación incluso de países semicoloniales relativamente desarrollados desde el punto de vista capitalista, como era el caso de Polonia, precisamente porque no reducía la opresión nacional imperialista a su solo aspecto económico. LC llega a rechazar el concepto de autodeterminación de una nacionalidad oprimida incluso frente a un Estado plenamente colonial como el Estado sionista. Va, por tanto, mucho más allá, tanto en el contenido como en el método, de las posiciones erróneas de Rosa Luxemburg. El rechazo de LC a apoyar la causa nacional palestina en nombre de un apoyo indistinto a los proletarios palestinos y a los proletarios israelíes mide la magnitud del antileninismo de LC. Y está en la base de la contradicción de fondo entre LC y la propia dinámica del movimiento pro Palestina. Tanto en Italia como en el plano internacional.
En realidad, sobre la cuestión de las nacionalidades oprimidas, LC parece reproducir de hecho el negacionismo ideológico del anarquista Proudhon, aquel que Marx fustigó en relación con Polonia e Irlanda.
EL “ABSTENCIONISMO ESTRATÉGICO” DE LC EN EL TERRENO ELECTORAL
LC sostiene en el terreno electoral lo que denomina “abstencionismo estratégico”. En otros términos, rechaza como tal la utilización leninista de la tribuna electoral, en cualquier circunstancia y siempre.
Este es el aspecto que con frecuencia ha llevado a identificar a LC como una formación bordiguista. En realidad, la posición abstencionista de Bordiga respecto a la participación en las elecciones burguesas era bastante flexible. Se trataba de la posición de la fracción bordiguista (“Soviet”) dentro del PSI, como reacción, aunque “infantil”, al parlamentarismo oportunista de la dirección del Partido. Esa posición fue de hecho archivada con ocasión de la fusión de Soviet con Ordine Nuovo de Gramsci en el acto de fundación del Partido Comunista de Italia. De hecho, el PCd’I, todavía bajo dirección bordiguista, se presentó a las elecciones políticas de 1921, también como consecuencia de la batalla de Lenin en favor del uso revolucionario del Parlamento contra el abstencionismo electoral, ampliamente argumentada en “El izquierdismo” (1920).
El “abstencionismo estratégico” de Lotta Comunista es, en el fondo, la posición contra la que Lenin libró su batalla. Naturalmente, LC se cuida muy bien de polemizar con Lenin, simplemente lo archiva. La tesis de fondo de LC es que “ya” el parlamentarismo ha sido objetivamente superado por la dinámica del capital, que lo utiliza para engañar a los obreros y apartarlos de la lucha de clases. Como si esa no hubiera sido desde siempre la naturaleza del parlamentarismo burgués y el uso burgués de esa institución. Para Lenin, se trata de utilizar la tribuna electoral burguesa no para ignorar o embellecer su naturaleza, sino precisamente por la razón opuesta: ampliar lo más posible la propaganda y la agitación revolucionarias por un gobierno de los trabajadores y, por tanto, por la destrucción revolucionaria del parlamentarismo. Más aún: cuanto más arraigado esté el parlamentarismo burgués, tanto más valioso resulta el uso revolucionario de la tribuna electoral (y, en caso de ser elegidos, de la tribuna parlamentaria), precisamente para desarrollar la conciencia de la clase a partir de su vanguardia. También aquí estamos ante el ABC del método leninista. Aquel que LC reniega “estratégicamente”. También aquí asoma, en realidad, el rastro regresivo del anarquismo originario de Arrigo Cervetto.
EN CONCLUSIÓN: UNA ORGANIZACIÓN “CENTRISTA SECTARIA”
¿Cuál es, entonces, en definitiva, el programa de Lotta Comunista? Formalmente, el comunismo y la dictadura del proletariado, el internacionalismo revolucionario, la denuncia del imperialismo y de la guerra imperialista. Pero la distancia entre el programa proclamado y la línea real de la organización es muy profunda. Por un lado, el programa máximo; por otro, el minimalismo economicista y la subordinación a la burocracia sindical. En medio, una doctrina fundada en la teoría del “Partido ciencia” de Cervetto, como suma de preceptos doctrinarios: ya sea en el plano analítico (el “imperialismo unitario”, la “URSS como capitalismo de Estado”…), ya sea en el plano de los comportamientos políticos (abstencionismo electoral, negación de las causas nacionales de liberación, rechazo de toda unidad de acción), o en el plano de los balances históricos (la “insuficiencia estratégica de Trotsky”, que Cervetto habría remediado). Todo ello aderezado con mucha suficiencia intelectual y mucha arrogancia de organización.
En conjunto, desde una perspectiva marxista revolucionaria, LC puede ser caracterizada, por tanto, como una formación centrista sectaria, fuertemente autocentrada, que hace de la autoconservación de LC el alfa y el omega de toda su política. En definitiva, el programa real de Lotta Comunista es y sigue siendo únicamente Lotta Comunista.
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