En estas elecciones, en la primera vuelta, ¡no votes a la extrema derecha bolsonarista ni al Frente Amplio lulista! ¡Vota a las candidaturas de la izquierda independiente!
Las elecciones presidenciales vuelven a colocar ante la clase trabajadora y los sectores populares una disputa marcada por la polarización entre dos proyectos burgueses distintos: por un lado, la extrema derecha bolsonarista; por otro, el Frente Amplio encabezado por Lula.
No tenemos ninguna duda sobre el carácter reaccionario de la extrema derecha. El bolsonarismo representa una ofensiva contra los derechos democráticos y sociales, fortalece el conservadurismo y busca ampliar su influencia sobre sectores cada vez más amplios de la sociedad. La candidatura de Flávio Bolsonaro busca ocupar ese espacio y fortalecerse a nivel nacional, dialogando con la frustración y el descontento de millones de personas frente a las promesas incumplidas por el gobierno de Lula.
Pero reconocer la gravedad que representa la extrema derecha no significa aceptar que la única alternativa posible sea la subordinación política al gobierno neoliberal y al Frente Amplio lulista.
Es precisamente esa elección por el «mal menor» la que queremos combatir.
El PSOL se equivoca al renunciar a una candidatura propia
El PSOL debería presentar una candidatura propia en la primera vuelta y disputar políticamente las elecciones con un programa independiente, socialista y de enfrentamiento a los intereses de los capitalistas.
Sin embargo, la dirección mayoritaria del partido decidió nuevamente subordinarse al Frente Amplio encabezado por el PT y Lula. El argumento de que sería necesario garantizar un nuevo período democrático, fortalecer las instituciones y solo después pensar en otras batallas económicas y políticas expresa una profunda adaptación al programa de la democracia burguesa y a la política de conciliación de clases.
Como si fuera posible separar la defensa de las libertades democráticas de la lucha concreta contra el hambre, la precarización, los bajos salarios, el endeudamiento, el desmantelamiento de los servicios públicos y todas las formas de explotación que recaen sobre la mayoría de la población.
La democracia que pretenden preservar es la democracia de los banqueros, del agronegocio, de las grandes empresas y de los mismos sectores que continúan lucrando mientras millones enfrentan condiciones de vida cada vez más difíciles. Es la misma democracia de las policías militares y de los jueces que cotidianamente matan o criminalizan a jóvenes pobres y negros en las periferias de nuestro país.
La primera vuelta debería ser precisamente el momento para presentar un proyecto político independiente, ganar conciencia y demostrar que existe una alternativa tanto a la extrema derecha como a la política de conciliación de clases del Frente Amplio lulista.
Al renunciar a esa disputa, el PSOL desaparece como alternativa política propia ante las masas y profundiza su asimilación al gobierno de Lula. Por eso nosotros, como corriente interna crítica, siempre hemos defendido que el PSOL presente una candidatura propia y rompa todo compromiso político con el gobierno federal. Lamentablemente, las corrientes de izquierda del PSOL, como el MES, Fortalecer, APS, Alicerce, Ecosocialistas, LSR y otras, decidieron seguir la línea política equivocada de la dirección mayoritaria.
Lula y el Frente Amplio no son una barrera contra la extrema derecha
Existe una diferencia real entre el proyecto del Frente Amplio y el proyecto de la extrema derecha bolsonarista. No se trata de igualar a Lula con Bolsonaro, ni de negar los peligros que una victoria de la extrema derecha representaría para la clase trabajadora, las mujeres, la población negra, los pueblos originarios, la población LGBT y los movimientos sociales.
Son proyectos distintos y cumplen papeles distintos. La extrema derecha representa una ofensiva autoritaria y reaccionaria, con el objetivo de atacar de forma aún más voraz los derechos democráticos, laborales y sociales y fortalecer todavía más a los sectores más fascistas de la sociedad. El Frente Amplio, por su parte, busca administrar los intereses del capitalismo dentro de los marcos de la democracia burguesa, combinando el discurso de la conciliación de clases con políticas neoliberales y la preservación de los intereses fundamentales de los banqueros, del agronegocio y de los grandes empresarios, en detrimento de los derechos y conquistas de la mayoría de la población.
Pero es precisamente aquí donde está el problema: esta política no elimina las condiciones que alimentan el crecimiento de la extrema derecha.
Cuando el gobierno mantiene políticas de austeridad, limita las inversiones públicas y preserva los intereses del mercado financiero, la vida de la clase trabajadora no mejora; por el contrario, empeora. Cuando millones continúan enfrentando bajos salarios, precarización, endeudamiento y servicios públicos insuficientes, también crece la frustración con quienes gobiernan y presentan falsas promesas durante las campañas electorales.
Y es en ese terreno donde la extrema derecha logra avanzar. Se presenta falsamente como una oposición al sistema, intentando canalizar el descontento popular hacia un proyecto todavía más reaccionario, autoritario y favorable a los intereses del capital.
La mejor manera de enfrentar ese avance no es abandonar la disputa política y pedir anticipadamente el voto para el Frente Amplio. Es construir una alternativa independiente, capaz de disputar ese descontento con un programa que enfrente verdaderamente a los responsables de la crisis.
¡No a la subordinación al imperialismo!
La lucha contra la extrema derecha también exige una política consecuente de enfrentamiento al imperialismo.
Trump y el imperialismo norteamericano buscarán intervenir y presionar sobre la situación política brasileña de acuerdo con sus intereses. El bolsonarismo, por su parte, mantiene relaciones políticas con la extrema derecha internacional y busca fortalecer sus vínculos con figuras y gobiernos reaccionarios a escala mundial. Es necesario denunciar esta política y combatir cualquier intento de intervención imperialista en Brasil, como defienden la ultraderecha y el bolsonarismo.
Pero tampoco podemos cerrar los ojos ante los límites de la política del gobierno de Lula. El mantenimiento de estrechas relaciones con el capital internacional y la disposición a negociar la explotación de los recursos estratégicos del país por parte de grandes empresas demuestran que no existe una ruptura con la dependencia y la subordinación a los intereses imperialistas. Fundamentalmente, mantener relaciones con el Estado sionista y genocida de Israel, que comete todo tipo de brutalidades contra el pueblo palestino y actúa para su exterminio, es inaceptable.
Defendemos una política independiente, basada en la soberanía de los pueblos y en el enfrentamiento a los intereses de las grandes potencias y de las multinacionales. Somos antiimperialistas y, fundamentalmente, anti-Trump. Por eso, frente a la constante intervención del presidente de Estados Unidos, debemos construir la más amplia unidad en la lucha para enfrentar verdaderamente al monstruo imperialista y defender la soberanía como un primer paso en la lucha por todos los derechos que los explotados y oprimidos todavía necesitamos conquistar.
¡En la primera vuelta, vota a las candidaturas de la izquierda independiente!
La primera vuelta y una eventual segunda vuelta no son la misma situación política. En la primera vuelta está planteada la disputa entre dos programas y proyectos políticos distintos, ambos vinculados a intereses capitalistas. Es precisamente en ese momento cuando se plantea la necesidad de presentar una alternativa propia para los trabajadores y los sectores populares que rechazan a la extrema derecha, pero que tampoco se reconocen en la política de conciliación de clases del Frente Amplio. Anticipar el apoyo electoral a Lula ya en la primera vuelta significa renunciar a esa disputa.
Defendemos que la izquierda independiente esté presente en las elecciones con una única candidatura y con un programa capaz de responder a los problemas que sufre la mayoría de la población. Una campaña unificada de quienes no se limitan a elegir al «menos malo», sino que plantee ante la sociedad otro proyecto de país y otra perspectiva para la clase trabajadora.
Lamentablemente, los partidos que podrían representar este proyecto de izquierda independiente optaron por presentar candidaturas propias, priorizando su autoconstrucción. No cuestionamos el derecho ni la legitimidad de cada organización a presentar su propia candidatura. Lo que cuestionamos es la eficacia de esa decisión en el actual momento histórico. En medio de la profunda crisis del sistema capitalista, se ha consolidado una polarización política entre la extrema derecha y el Frente Amplio. Es precisamente en este escenario donde la dispersión de la izquierda revolucionaria actúa negativamente, debilitando su capacidad de intervenir en la polarización y disputar la conciencia de las masas trabajadoras y pobres.
Aun siendo críticos de la fragmentación, hacemos un llamamiento a votar por las candidaturas a la presidencia de la izquierda independiente, entre ellas el PSTU, la UP y el PCB, las únicas candidaturas independientes de los patrones y de los gobiernos.
Una campaña por un programa socialista
¿Qué programa defendemos?
No partimos de cero. Revolución Socialista y la Liga Internacional Socialista acumulamos años de elaboración política, experiencias de lucha y debates programáticos en Brasil y a nivel internacional.
Defendemos un programa que parta de las necesidades de la clase trabajadora y de los sectores populares, y no de los límites impuestos por el mercado, los banqueros o el llamado equilibrio fiscal. Un programa para enfrentar la precarización del trabajo, aumentar los salarios, combatir el endeudamiento, defender y ampliar los servicios públicos, garantizar vivienda, educación y salud de calidad y enfrentar el poder económico del agronegocio, los bancos y las grandes empresas.
Un programa de ruptura con la austeridad y con la subordinación a los intereses imperialistas, que coloque en el centro la necesidad de que los trabajadores y el pueblo pobre no paguen la crisis y de que quienes lucran con ella paguen la cuenta.
¿Con qué proyecto político?
Construimos y defendemos un proyecto de reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias, porque la lucha por un programa no puede separarse de la discusión sobre cómo construir una fuerza política capaz de luchar por él.
El escenario actual de la izquierda revolucionaria brasileña está marcado por la fragmentación. Aunque hoy no vemos, de manera inmediata, condiciones para un reagrupamiento orgánico de las organizaciones revolucionarias, no podemos abandonar esta perspectiva y debemos militar por ella. Por el contrario. Es necesario poner en debate la necesidad de superar la dispersión de las fuerzas revolucionarias, acercar a los sectores que comparten una estrategia de independencia de clase y construir, a través de la experiencia común y de la lucha política, caminos para fortalecer una alternativa revolucionaria.
Aprovechemos esta campaña para defender no solo qué es necesario cambiar, sino también cómo construir una fuerza capaz de luchar por esos cambios.
Revolución Socialista – Sección Brasileña de la Liga Internacional Socialista – LIS








