La Liga Internacional Socialista (LIS) participará del Convoy solidario que en la segunda quincena de noviembre partirá desde distintos puntos de la Unión Europea hacia Kiev. Aunque no hemos firmado la declaración inicial, por diferencias con la falta de algunas definiciones importantes, compartimos la necesidad de construir solidaridad concreta en unidad. Este 24 de agosto, Día de la Independencia de Ucrania, reafirmamos nuestro compromiso con su pueblo trabajador en la perspectiva de una salida estratégica.

Por Rubén Tzanoff

Una necesidad planteada por la realidad

La atención pública mundial está focalizada en las agresiones imperialistas sionistas en Medio Oriente. Putin aprovecha para lanzar oleadas de misiles balísticos a poblaciones civiles indefensas, sin que ello provoque un impacto político y mediático proporcional a los crímenes.

A esto se suma otro fantasma que aterroriza a los ucranianos y que aparece con fecha fija: el invierno. La destrucción sistemática de la infraestructura energética, hidráulica y de transporte podría ser fatal.  

Y, además, la resistencia sostenida por el pueblo trabajador, tanto en los frentes de combate como en la retaguardia, ya lleva más de cuatro años, con todo lo que ello implica. Estos hechos agudizan la necesidad de la ayuda humanitaria y política para que triunfe la resistencia ucraniana.

Una guerra profundamente asimétrica

Más allá de lo que digan los medios de comunicación y la propaganda, la guerra continúa siendo desigual. La resistencia ucraniana logró frenar el avance ruso y, con enormes esfuerzos, atacar objetivos militares en territorio enemigo, especialmente mediante el uso de drones. Pero eso no modifica cualitativamente la relación de fuerza.

Rusia es una potencia militar e imperialista. Ucrania es un país dependiente sometido a una invasión. No existe una guerra entre dos fuerzas equivalentes, ni intervención directa de tropas de distintos imperialismos que implique adoptar la posición del derrotismo revolucionario. Existe una potencia que invade y un pueblo que resiste como puede. Existe un ejército ocupante y uno que junto a la población lucha por su territorio.

Ucrania lucha por su existencia, ante lo cual viene al caso citar algunas opiniones históricas al respecto.  En “El derecho de las naciones a la autodeterminación” (1914), Lenin escribió: “Sin intentar hacer vanas conjeturas ociosas, sostenemos firmemente algo que está fuera de toda duda: el derecho de Ucrania a constituirse en tal Estado [independiente].”

Y en  “La Ucrania” (1917), Lenin afirmó: “Ningún demócrata, y mucho menos un socialista, se atreverá a negar la completa legitimidad de las reivindicaciones de Ucrania. Y ningún demócrata puede negar a Ucrania el derecho a separarse libremente de Rusia.”

Nuestra ubicación es clara. Estamos con la resistencia ucraniana, por la expulsión de las tropas rusas y por el derecho del pueblo ucraniano a recuperar sus territorios y decidir libremente su destino.

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Porque participamos del Convoy

En este marco, valoramos especialmente el carácter internacionalista y de base del Convoy de Solidaridad. No se trata de una iniciativa de gobiernos, sino de una construcción que comenzó desde sindicatos, movimientos sociales, organizaciones comunitarias y colectivos solidarios.

El Convoy convoca a sectores sindicales, feministas, ecologistas, LGBTIQ+ y antifascistas; no solo desde una perspectiva humanitaria sino también política, de impulso a la autodeterminación, soberanía e integridad territorial de Ucrania.

No firmamos el llamamiento

La LIS participa del Convoy, coalición amplia y heterogénea,  sin haber firmado su declaración de llamamiento. Compartimos la defensa de Ucrania, pero consideramos que es un planteo parcial, porque esta guerra no puede analizarse únicamente como una agresión rusa, aunque este sea el punto de partida indispensable.

El conflicto tiene un carácter dual: además de la invasión imperialista rusa una disputa inter imperialista por Europa del Este y por el reordenamiento mundial. En ella intervienen Estados Unidos, las potencias europeas, la OTAN y Rusia, cada uno defendiendo sus propios intereses económicos, estratégicos y geopolíticos. No mencionar esta dimensión deja fuera una parte fundamental de la realidad, que no sólo afecta a Ucrania hoy, sino que también la condicionará en el futuro.

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Trump y Estados Unidos proporcionan armas para resistir, pero no para derrotar a Putin. Al mismo tiempo, Trump busca obtener ventajas económicas y estratégicas de la guerra y de la reconstrucción de Ucrania. La disputa por sus recursos naturales, incluidas las llamadas tierras raras, es una expresión de ello.

Las potencias europeas tampoco actúan por solidaridad con el pueblo, sino en función de sus propios intereses económicos y geopolíticos. Utilizan a la OTAN como instrumento militar de su política, cuando no es una organización neutral sino una alianza militar al servicio de las potencias imperialistas occidentales .

Para nosotros, es imposible plantear las tareas y la política por etapas “primero derrotar a Putin y luego el resto”, porque la realidad coloca a ambos procesos juntos y actuando recíprocamente hoy, no en el futuro. Como hicieron con pueblo bielorruso y otros, no dudarán en dejar de lado al pueblo Ucraniano si Trump acuerda con Putin.

Entonces, participamos de una misión común sin pretender que todas las organizaciones y los compañeros que la integran compartan una misma visión política, pero sin renunciar a nuestros puntos de vista.

Con independencia política de Zelensky

Estar del lado de Ucrania no significa estar detrás de Zelenski, como falsamente quieren hacer creer los campistas a cara descubierta y otros.

El gobierno de Zelenski ha profundizado políticas neoliberales y medidas contra los derechos de los trabajadores. En nombre de las necesidades de la guerra se han producido restricciones a derechos laborales, ataques a organizaciones sindicales, restricciones a las libertades democráticas y medidas que favorecen la concentración económica y los intereses de sectores empresariales.

La resistencia a la invasión no elimina las diferencias de clase. En Ucrania también existe una lucha social y política que de a poco se va pudiendo retomar. Existen trabajadores, sindicatos, movimientos populares y sectores de izquierda que tienen sus propios intereses y reivindicaciones. Sus derechos no pueden quedar suspendidos indefinidamente en nombre de la guerra mientras los oligarcas, los funcionarios gubernamentales y los cercanos al poder tienen privilegios. Defendemos una posición independiente, tanto del gobierno como de las expresiones oligárquicas, nacionalistas reaccionarias y de ultraderecha.  

Con un programa principista

La resistencia ucraniana es heroica, sostenida en el enorme esfuerzo de los trabajadores y el pueblo, tanto en el frente de combate como en la retaguardia, por eso hay que apoyarla y fortalecerla desde abajo. Con sindicatos democráticos, organizaciones populares fuertes y una participación de los trabajadores en la defensa de sus derechos y en las decisiones sobre el futuro del país. Estamos por la paz, pero por una paz justa, no negociada a espaldas del pueblo trabajador ucraniano, sin imposiciones ni entregas territoriales.

Nuestra solidaridad es simultáneamente antiimperialista, internacionalista y de clase. No elegimos entre Putin y Zelenski. No elegimos entre las oligarquías ucranianas y los imperialismos occidentales. Elegimos al pueblo trabajador ucraniano, llamando a los trabajadores rusos a enfrentar a Putin, boicotear la guerra y unirse a los trabajadores ucranianos para derrotar juntos a los capitalistas en ambos países y abrir paso a gobiernos de trabajadores.

La expulsión de los invasores debe abrir el camino hacia un proceso democrático de autodeterminación de todos los pueblos que viven en Ucrania; en la perspectiva de una salida socialista, totalmente alejada del burocratismo aniquilador del stalinismo.

Estamos por la derrota de la invasión rusa y por la expulsión de las tropas de Putin. Pero no queremos que la salida de la dominación rusa conduzca a una nueva subordinación de Ucrania a Washington, Bruselas o cualquier otra potencia. Queremos una Ucrania libre de toda dominación imperialista.

Participa y apoya al Convoy

Tenemos tareas inmediatas que nos unen a los compañeros y a las compañeras del Convoy: fortalecer los vínculos con sindicatos y organizaciones populares ucranianas y de todo el mundo, conocer directamente sus necesidades y colaborar en la organización del Convoy para responder a ellas.

La solidaridad tiene que traducirse en ayuda concreta: generadores y equipamiento energético, materiales, medicamentos y recursos para las comunidades. Todo aquello que las organizaciones sindicales y sociales identifiquen como prioritario y a lo que el Convoy pueda acceder.

Y en difusión, con eventos culturales, festivales y otras iniciativas. Así lo hicieron la Liga Socialista Ucraniana (LSU) y el Movimiento Social (MS) con un evento unitario en Kiev, también se expresaron nuestros compañeros de habla alemana en el campamento de Revolución realizado en Brandenburgo y hubo acciones unitarias en Barcelona el 24 de agosto.

Una vez que los vehículos pongan primera marcha, estará por delante concretar las actividades que ya se están planificando en cada ciudad. Ayúdanos a organizar, construir y fortalecer el Convoy con aportes económicos, divulgación, actividades de apoyo y otras iniciativas solidarias.

Ante el día de la Independencia de Ucrania

Hoy, 24 de agosto se cumple un aniversario de la Independencia de Ucrania. Nuestro saludo al pueblo trabajador que resiste la invasión reitera un fragmento de las palabras escritas por nuestros camaradas de la Liga Socialista Ucraniana (LSU) en 2024 en ocasión de la conmemoración: “Para nosotros, los socialistas ucranianos, la verdadera y genuina independencia de nuestro país aún está por delante y debemos luchar por ella. La verdadera independencia es el resultado de la culminación exitosa de las luchas de liberación nacional. Y ella, a su vez, sólo puede llegar a ser realmente victoriosa a condición de superar el sistema capitalista mundial de explotación y opresión, en el que Ucrania no tiene lugar bajo el sol y está condenada a seguir siendo un apéndice periférico de materias primas y proveedor de mano de obra barata a los países de Europa”.