Por Jaqueline Katherina Singh

20 de septiembre, 6 de la tarde. Estallan los vítores, se alzan los puños, sonrisas por todas partes. En este momento, probablemente no haya mejor lugar donde estar que en el cierre electoral de Die Linke en Neukölln: 25,7 %. El partido más votado. Berlín se tiñe de rojo y los compañeros de Neukölln pueden celebrar con confianza su campaña electoral, porque, con toda razón, consiguieron el mejor resultado.

Sin embargo, Neukölln no es solo un lugar ideal para celebrar. En este distrito, con una enorme concentración de trabajadores inmigrantes y de sectores populares en general, se organiza el sector m{as de izquierda del partido. Además, es el distrito con mayor número de afiliados de todo Berlín. Y es una sección odiada por la cúpula y por los líderes reformistas del partido por su apoyo al movimiento palestino.

Pero antes de pasar a analizar la situación política y las disputas internas del partido tras las elecciones, queremos compartir una breve visión general del resultado y de las razones de esta victoria, que no se explica por sí sola. Especialmente en el contexto del giro hacia la derecha de los últimos años, surge la pregunta: ¿por qué Die Linke pudo lograr una victoria electoral de este calibre precisamente en Berlín y, sobre todo, qué hacemos ahora?

Berlín se está tiñendo de rojo, pero el giro hacia la derecha no desapareció

El claro ganador: Die Linke. El resultado es histórico. Con un 25,7 %, Die Linke duplicó y más su porcentaje de votos en comparación con 2023 y se convirtió, por primera vez, en la fuerza política más votada en el Parlamento de Berlín (Abgeordnetenhaus). En las elecciones a los consejos de distrito, que se celebraron al mismo tiempo, obtuvo un 24,1 % en todo Berlín y ganó 11,5 puntos. No es el partido más votado en 6 de los 12 distritos, pero este es el mejor resultado que ha conseguido el partido hasta la fecha. El cambio en el apoyo de los votantes también es notable: en términos netos, Die Linke ganó unos 75.000 nuevos votos procedentes de personas que antes no votaban, 57.000 de los Verdes, 39.000 del SPD e incluso 16.000 de la conservadora CDU.

El otro ganador: Quien a la luz del resultado de Die Linke crea que Berlín se mantuvo al margen del giro general hacia la derecha, está optando por la conclusión fácil. La AfD también obtuvo avances significativos, alcanzando el 16,3 %. Movilizó alrededor de 65.000 votos del sector no votante y, en términos netos, unos 56.000 exvotantes de la CDU. Especialmente en algunas zonas de la periferia de la ciudad, esto pone de manifiesto una dinámica política diferente a la de muchos distritos del centro urbano, y también en este sentido Die Linke debe admitir que una proporción significativa de quienes sufren el aumento de los precios, los bajos salarios, la escasez de vivienda y la inseguridad social aún no se ha sumado a una perspectiva de izquierda.

Los castigados: la CDU sufrió pérdidas masivas —un 9,5 %— y se quedó con un 18,8 %. Esto supone también un castigo a la línea seguida por el partido con Merz a la cabeza: el intento de quitarle fuerza a la AfD recurriendo a políticas cada vez más racistas y de extrema derecha. Sin embargo, Berlín también demuestra que quienes siguen esta línea no debilitan a la AfD, sino que, en última instancia, fortalecen al partido racista original.

El SPD se vio aún más afectado. El partido que predominó y (co)gobernó Berlín durante décadas está perdiendo terreno no solo frente a la derecha, sino también, de forma masiva, frente a Die Linke. Esto se debe, en parte, a una campaña electoral dirigida por Steffen Krach, que ni siquiera fue capaz de utilizar la palabra «expropiación» en un sentido positivo. El resultado del 12,1 % (con una caída del 6,3 %) apunta a una crisis más profunda dentro de la socialdemocracia. Para una gran parte de su antigua base social, hace tiempo que dejó de parecer un partido del que se pudiera esperar una mejora fundamental de las condiciones de vida.

Los Verdes también perdieron terreno, quedaron en un 14,3 % (con una caída del 4,1 %), aunque en circunstancias diferentes. Especialmente entre el electorado más joven, urbano y progresista, se enfrentan a la competencia de Die Linke, un partido que aborda las cuestiones sociales de forma más radical y que sabe presentarse mejor como oposición al statu quo. Solo de los Verdes a Die Linke se han desplazado un total neto de 57.000 votos.

Los insignificantes: el partido liberal FDP, con un escaso 2,5 %, ha quedado relegado a la irrelevancia parlamentaria —«hasta el día del juicio final»—. El BSW (Sahra Wagenknecht), la escisión de derecha de Die Linke, tampoco logró, con un 4,7 %, obtener ningún escaño. No está claro si sobrevivirá hasta las próximas elecciones.

El resultado de Berlín no supone simplemente un «giro a la izquierda» general, sino que pone de manifiesto una creciente polarización social: mientras que algunas zonas de la ciudad están dando un giro significativo hacia la izquierda, la extrema derecha está ganando fuerza en otras partes del país. La pregunta clave, pues, es: ¿por qué Die Linke fue capaz de sacar partido de parte de esta polarización?

¿Por qué ganó Die Linke?

Como siempre, no existe una única explicación para el resultado de unas elecciones; más bien, es el resultado de una combinación de elementos sociales y decisiones políticas:

1. Polarización social y territorial

Las elecciones de Berlín no se celebran en el vacío. Apenas dos semanas antes, la AfD obtuvo un 43,8 % en Sajonia-Anhalt. Sin embargo, una misma crisis social no genera las mismas respuestas políticas en todas partes. Se observan dinámicas políticas diferentes, sobre todo entre las áreas metropolitanas y las regiones rurales, pero también dentro de la propia Berlín, entre el centro de la ciudad y las afueras. Detrás de ello se esconden diferencias en la estructura social, la edad, la inmigración y las condiciones de trabajo y de vida.

Por lo tanto, Berlín no es un ejemplo que contradiga el giro social hacia la derecha, sino más bien una expresión de la creciente polarización, que puede manifestarse de formas muy diferentes según la región. Los resultados de la zona sur de Neukölln, donde la derecha tiene una presencia relativamente fuerte, también muestran que no todo está necesariamente perdido. Aunque el partido no obtuvo ningún escaño directo en estas zonas del distrito, ha logrado avances significativos.

En términos generales, esto se observa especialmente entre los jóvenes. Por primera vez, los jóvenes de 16 y 17 años también pudieron votar en las elecciones al parlamento. Entre los jóvenes de 16 a 24 años, el 43 % votó a Die Linke; entre los de 25 a 34 años, la cifra alcanzó el 49 %. Entre los votantes que votaban por primera vez, también fue, con diferencia, la fuerza más votada, con un 38 % de los votos.

Esto refuerza una tendencia que viene siendo evidente desde hace tiempo: Die Linke está teniendo una gran recepción entre los jóvenes. No es de extrañar, ya que una gran parte de la nueva generación vive el aumento vertiginoso de los alquileres, la crisis climática, la guerra y el aumento del gasto militar no como problemas abstractos del futuro, sino como una realidad inmediata. Al mismo tiempo, sus vínculos con los partidos tradicionales mayoritarios son débiles, pero su confianza también puede traicionarse rápidamente.

2. Plantear la cuestión social: situar los alquileres en el centro del debate

La decisión de dar prioridad a la lucha por la vivienda accesible y a la aplicación del referéndum de 2021 «Expropiar a Deutsche Wohnen & Co.» fue acertada. Esta empresa es propietaria de más de 100.000 viviendas en Berlín. Casi ningún otro tema afecta a los berlineses tan directamente como el alquiler. Esto permitió a Die Linke sumarse a un debate social genuino en el que cientos de miles de personas ya han pasado a la acción por su cuenta. Esto, en particular, nos ofrece una lección importante: Die Linke se fortalece cuando no se limita unicamente a prometer gestionar las condiciones presentes de forma más justa desde el punto de vista social, y plantea la cuestión de la propiedad y poder.

3. Una campaña exitosa impulsada por el aumento del número de socios

El enorme aumento del número de afiliados de Die Linke en los últimos años no quedó solamente plasmado en los números. Los nuevos afiliados participaron activamente en la campaña electoral; se llevó a cabo una campaña de puerta a puerta; se recorrieron los barrios; y se movilizó a la gente. El resultado pone de manifiesto el potencial que esto encierra. Pero es precisamente aquí donde comienza la siguiente tarea: la movilización debe dar paso a la organización.

Una cosa es conseguir que la gente se involucreen una campaña electoral durante unas semana y otra muy distinta es construir estructuras a largo plazo en las que los miembros puedan asumir responsabilidades por sí mismos, organizar a compañeros y vecinos, y librar luchas sociales y políticas. El éxito electoral no es, por tanto, un fin en sí mismo, sino una prueba para comprobar si un partido que ha crecido en tamaño también puede convertirse en uno más firmemente arraigado en la sociedad.

4. Palestina: no vale la pena callar

En particular, a los compañeros que han adoptado una postura clara contra el genocidio en Gaza y en solidaridad con Palestina se les ha dicho una y otra vez que esta postura aislaría a Die Linke y ahuyentaría a los votantes. Los resultados electorales muestran lo contrario: ya sea Vedi Emde en Neukölln con un 46,2 %, Martha Kleedörfer con un 46,2 % o Deike Janssen con un 43,4 %, todos ellos obtuvieron sus escaños directos por un claro margen. También en las elecciones al consejo de distrito de Neukölln, donde Ahmed Abed encabezaba la lista del partido, Die Linke se erigió como la fuerza más votada con diferencia, con un 32 % y un aumento de 17,6 puntos.

Esto desmiente la idea de que adoptar una postura clara sobre Palestina ahuyentaría a los votantes; al contrario, demuestra que el silencio no sale a cuenta y que no hay por qué temer a la campaña de desprestigio de la prensa. En lugar de dar marcha atrás constantemente e intentar ganar una carrera para ver quién es capaz de dar más marcha atrás, solo para complacer al último editor conservador que queda en los medios, hay que confiar en lo que da forma a la realidad política. El silencio no rinde, y la combinación de una postura política clara, una sólida campaña electoral y un enfoque específico dirigido a las comunidades de migrantes ha demostrado claramente su eficacia. Esto también plantea la pregunta inversa: ¿qué potencial se desperdició en otras partes de la ciudad?

¿Qué estrategia ha ganado?

En los próximos días, muchos intentarán atribuirse esta victoria electoral en aras de sus respectivas estrategias políticas. Pero no es tan sencillo. En Neukölln se llevó a cabo una campaña electoral deliberadamente rebelde y más radical, que situó en el centro la organización y las luchas sociales y que, de forma explícita, no equiparó un cambio de gobierno con un cambio de política.

Al mismo tiempo, la dirección del partido en Berlín llevó a cabo una campaña agresiva con Elif Eralp, con el objetivo de hacerse con el Rotes Rathaus (el Parlamento Rojo). La dirección berlinesa había suavizado el programa electoral y las promesas del partido. Ahora ambas partes señalan sus éxitos. Neukölln puede hacer gala de sus enormes avances y de sus escaños directos; al mismo tiempo, Elif Eralp se aseguró su escaño directo en Friedrichshain-Kreuzberg con un 50,4 %. Por lo tanto, el resultado electoral por sí solo no zanja este debate sobre la estrategia.

Y precisamente por eso la cuestión fundamental no se está aclarando hasta ahora: ¿qué hacemos con esta victoria electoral? Porque el hecho de que Die Linke se haya convertido en el partido más votado aún no responde a la pregunta de si —y, sobre todo, en qué condiciones— debería gobernar.

¿Gobernar… o no?

Muchos votantes —y también muchos afiliados— quieren que Die Linke gobierne ahora. Es comprensible, sobre todo teniendo en cuenta las alternativas. Sin embargo, quien desee combatir el giro hacia la derecha a largo plazo no debe confundir la apuesta a corto plazo por el poder gubernamental con el cambio social. Por lo tanto, la cuestión no puede reducirse simplemente a: ¿gobernar o no gobernar? Die Linke no cuenta con mayoría absoluta y, si busca socios de coalición, ¿qué políticas supondría esto y a qué coste para la credibilidad del partido?

¿Qué pasará con la campaña «Expropiar a Deutsche Wohnen & Co.»? ¿Qué pasará si los socios de la coalición exigen más recortes? ¿Qué pasará con las deportaciones de inmigrantes y la creciente militarización de la ciudad? Una Izquierda que promete la expropiación pero no la lleva a cabo, que se moviliza contra los recortes solo para luego ayudar a aplicarlos, o que sigue llevando a cabo deportaciones, acabaría, a la larga, desperdiciando precisamente la credibilidad en la que se basa su éxito actual. Alejaría a sus votantes jóvenes y haría precisamente lo que teme: reforzar aún más a la AfD.

Sin embargo, el resultado supone una oportunidad enorme: casi medio millón de votos, decenas de miles de personas que no solían votar y que se han movilizado, numerosos escaños elegidos directamente y miles de nuevos afiliados. Todo ello puede dar lugar a un poder social, siempre y cuando se organice. Precisamente por eso, quienes forman parte de la izquierda dentro del partido deben sacar ahora algunas conclusiones.

Lecciones para los miembros de la izquierda del partido

1. Por la democratización del partido: ¡la cuestión de la coalición y del gobierno debe debatirse ampliamente y decidirse de forma democrática!

El rumbo ya estaba marcado antes del día de las elecciones. Aunque en los debates internos se insistió repetidamente en que la campaña a favor de Elif Eralp y del «Parlamento Rojo» era, ante todo, precisamente eso —una campaña electoral—, ahora, tras las elecciones, esa misma campaña puede utilizarse para argumentar: nos presentamos con la pretensión de gobernar; ahora debemos cumplir esa promesa; al fin y al cabo, por eso fuimos elegidos.

Son precisamente esas decisiones estratégicas las que, en la práctica, no deben verse anticipadas por el personal electoral y los equipos de campaña, que rinden cuentas principalmente ante aquellos de quienes esperan conseguir su próximo puesto de trabajo. Por lo tanto, antes de las próximas elecciones, debe adoptarse una decisión democrática sobre la orientación sustantiva y estratégica de la campaña en el congreso regional del partido. Pero ahora, la cuestión de la formación de una coalición debe debatirse de forma transparente y con conclusiones vinculantes en la conferencia estatal del partido. Y no solo allí: también debe participar el conjunto de la militancia; en todas las organizaciones locales y distritos, tanto los partidarios como los detractores de una coalición con el SPD y los Verdes deben tener el mismo derecho a expresarse. Debe haber una consulta con los miembros, que permita tiempo suficiente para debatir un posible acuerdo de coalición, seguida de una decisión de una conferencia regional del partido recién elegida sobre la base de este debate.

Y es evidente para cualquiera que el Partido Verde y el SPD quieren imponer sus políticas al Partido de Izquierda. Eso significa aceptar recortes sociales, continuar con las deportaciones, aplazar las expropiaciones de DWE por un tiempo más, aumentar la vigilancia policial y no poner ningún obstáculo al Gobierno nacional ni a sus ataques contra la clase trabajadora. Para evitar todo esto, la clase dominante alemana ha lanzado una campaña despiadada contra el Partido de Izquierda, exigiéndole que expulse de sus filas a todos aquellos que se solidarizan con Palestina y con la lucha de resistencia, tachándolos de «antisemitas». La dirección del partido en Berlín está claramente dispuesta a hacer casi todas las concesiones con tal de encabezar un gobierno que traicione todas las promesas progresistas del Partido de Izquierda. Por lo tanto, el ala de izquierda del partido debe rechazar este rumbo, pero también debe plantear reivindicaciones que pongan al descubierto este rumbo traicionero ante los ojos de los votantes de la clase trabajadora.

2. Perspectivas concretas

Necesitamos un debate sobre las tácticas y estrategias que permita a Die Linke seguir planteando —y ganando— las cuestiones del poder y la propiedad, en lugar de recurrir a tópicos vacíos; ya sea en lo relativo a la expropiación o en las protestas sociales: Die Linke está intentando tomar la iniciativa, y eso es acertado. Al mismo tiempo, todavía no existe una visión compartida sobre cómo se puede ejercer realmente la presión suficiente para garantizar que se satisfagan estas reivindicaciones.

El «partido de la clase organizadora» marca una línea general. Sin embargo, rara vez se debate de forma concreta qué significa esto desde el punto de vista estratégico. Pase lo que pase tras estas elecciones: la expropiación y las luchas defensivas que se avecinan no pueden ganarse simplemente en las urnas. Por lo tanto, depende de nosotros volver a popularizar la idea de una huelga política, respaldada por un amplio movimiento social. ¿Cómo podemos construir una fuerza social que no solo plantee reivindicaciones, sino que también pueda obligar a que se cumplan?

Cuanto más ambigua sea la respuesta del ala izquierda del partido ante esta situación, más fácil les resultará a los reformistas presentar su vía —a través de la participación en el Gobierno— como la única «realista» o incluso natural.

3. El puerta a puerta no basta: necesitamos la práctica socialista.

La campaña puerta a puerta también debe considerarse en este contexto. Es uno de los puntos fuertes del partido: moviliza a los afiliados, forma a los activistas y nos pone en contacto con personas ajenas a nuestra propia burbuja política. Pero es, ante todo, una forma de movilización, no necesariamente de organización.

Para los compañeros y compañeras que quieren construir un partido socialista, esto plantea, por tanto, algunas cuestiones concretas: ¿Cómo y cuándo recurrimos a la campaña puerta a puerta fuera de los periodos electorales? ¿Qué otras formas de participación creamos? ¿Y cómo podemos generar oportunidades de acción similares en los lugares donde ya nos encontramos —en colegios, universidades, centros de trabajo y barrios— para politizar la vida cotidiana en ellos y construir un contrapoder?

Esta última, en particular, es la cuestión clave. Por encima de todo, debemos ser capaces de comunicarlo con claridad: no es solo tu voto lo que cuenta. Solo podremos expropiar, evitar recortes o luchar por otras mejoras si la gente se moviliza por sí misma y se organiza.

4. Tenemos que crear redes en toda la izquierda en general y establecer una corriente revolucionaria.

El ala izquierda del partido está fragmentada. Esto queda patente ya solo con la cuestión del gobierno. Es poco probable que haya una posición única en la que coincida todo el espectro, desde marx21 (una corriente que proviene de la tradición cliffista y que está vinculada a sectores de la dirección y el aparato del partido) hasta el KPF (Kommunistische Plattform, una corriente estalinista), SOL (Sozialistische Organisation Solidarität; sección alemana del CWI), RIO (Revolutionäre Internationalistische Organisation; sección alemana de la corriente Revolución Permanente) y GAM (Gruppe Arbeiter:innenmacht, sección alemana de la LIS), desde las organizaciones de base de izquierda hasta el LAG Palestina y otras corrientes de izquierda —pueda ponerse de acuerdo en todas las cuestiones tácticas y estratégicas.

Pero eso tampoco es necesario. Lo que se necesita es coordinación entre quienes puedan ponerse de acuerdo en principios y objetivos comunes para una estrategia política activa y militante y para la democratización del partido, al tiempo que se mantiene una voz revolucionaria independiente dentro de esta red. Una campaña en contra de la participación en el Gobierno no sería, en este contexto, una campaña en contra del partido. Sería un debate sobre el carácter que está adquiriendo Die Linke y sobre lo que determina su éxito político a largo plazo.

Porque la política de clase organizada no se nutre de las migajas que caen del pastel de la clase dominante. Se nutre cuando es capaz de responder a la pregunta de cómo vamos a hacernos con toda la panadería. Para ello, necesitamos construir ambas cosas: un ala izquierda fuerte del partido y, dentro de este marco, una corriente revolucionaria capaz de reagrupar a los más decididos sobre la base de un programa y un método revolucionarios.