Compartimos a continuación el artículo de Guillermo Pacagnini, dirigente del MST en el Frente de Izquierda Unidad, publicado en Revolución Permanente Nº 11, la revista teórico política de la LIS, sobre la situación actual de la izquierda revolucionaria en Argentina. Puedes adquirir la edición completa en forma digital aquí.
Apogeo y decadencia de un proyecto
La crisis irreversible de la utopía peronista
Es imposible comprender el giro a izquierda que transitamos, sin ligarlo a la crisis del peronismo, la cual está minando la capacidad de resiliencia de esta fuerza camaleónica para enamorar de nuevo y lo que abre una oportunidad histórica para la izquierda revolucionaria.
Guillermo Pacagnini, dirigente MST en el FIT Unidad
Aunque la historia oficial lo señale, el peronismo no es un fenómeno originario y único de matriz argentina. Un análisis correcto, debe comenzar por ubicarlo como parte de la oleada de movimientos nacionalistas posteriores a la segunda guerra mundial. Lázaro Cárdenas (PNR-PRI) en México, Haya de la Torre (APRA) en Perú, Getulio Vargas (PTB) en Brasil, Carlos Ibáñez (APL) en Chile, Juan Arévalo y Jacobo Arbenz en Guatemala, Paz Estenssoro (MNR) en Bolivia, fueron algunos de los ejemplos en Latinoamérica que también tuvieron su correlato en otros puntos del planeta.(1)
Más allá de sus diferencias, tuvieron un común denominador: situaciones económicas favorables y una relativa y transitoria independencia del imperialismo hegemónico del momento, “Estado de bienestar” y concesiones a las masas, regímenes bonapartistas y movimentismo en su arquitectura política. Varios surgieron con golpes de estado y/o procesos de movilización masivos y luego se consolidaron con elecciones. (2)
Y todos, invariablemente, tuvieron un ciclo histórico similar: luego de un período de apogeo, fueron degenerando, se rindieron al imperialismo en ascenso, y entraron en una fase de decadencia. Surgieron y tuvieron una dinámica de ascenso vertiginoso en la década de 1940 y principios de los años 50. Luego sobrevino inexorablemente una fase de declive, de crisis histórica y estructural. Transformándose en agentes del imperialismo e implementando planes de austeridad, con liquidación de conquistas incluso de las logradas durante sus primeras gestiones. Paulatinamente se transformaron en partidos burgueses más clásicos o directamente se extinguieron políticamente.
La originalidad del peronismo y el Ave Fénix
El peronismo comparte estos rasgos comunes, incluso más acentuados. Pero tiene una particularidad: su fase de agonía se prolongó y varias veces regresó como el Ave Fénix. Esta virtud de reciclarse como dirección política y sindical mayoritaria del movimiento obrero por casi ocho décadas se explica por una combinación de factores.
- El entreacto, entre la retirada del imperialismo inglés y la penetración del yanqui, fue más acentuado. Argentina fue la última región a dominar, cuando ya tenía organizada Latinoamérica como semicolonia, estructurando un imperio parecido al inglés pero de nuevo tipo. La Conferencia de Río de Janeiro de 1942 y 1947 y luego el Pacto de la OEA fueron un estatuto del neocoloniaje, que Perón rubricó pero que se aplicó después. Entre 1946 y 1949 se registró la ventana de mayor independencia relativa. Sobre esta base se edificó la bandera de la soberanía política.
- Perón encabezó un nuevo proyecto político reflejando a un sector de la burguesía (y del ejército) que resistió la penetración yanqui. Afín al viejo imperialismo inglés en retirada y sumando a un sector burgués ligado al mercado interno desarrollado por sustitución de importaciones y control de cambios. En puja contra sectores concentrados de la burguesía, con apoyo de la iglesia y la oligarquía financiera asociados a la embajada norteamericana.
Sobre esta base se enarboló la segunda bandera: independencia económica (nacionalización del Banco Central, control de cambios y comercio exterior mediante el IAPI, nacionalización de telefonía, ferrocarriles y servicios públicos).(3)
- Contó con una situación económica excepcional, superior a otros países con gobiernos nacionalistas. Un país atrasado pero potencia exportadora: carnes a Inglaterra y cereales al mundo castigado por la guerra. Perón se jactaba de tener mil toneladas de oro en el Banco Central, acreedor de una deuda con Inglaterra de 560 millones de dólares, buenas cosechas y altos precios de la carne. Una situación histórica que nunca se repitió. (4)
Con esa base material otorgó concesiones cualitativas, construyendo una base sólida en el movimiento obrero y sectores populares. La justicia social, la tercera de sus “tres banderas”, reflejaba una promoción real frente a la postergación de la “década infame”. (5) Los trabajadores conquistaron salario mínimo vital, garantía horaria, cargas sociales, aguinaldo, vacaciones pagas, estabilidad laboral, ley de alquileres y numerosos derechos laborales, además de planes de vivienda y el voto femenino. Estas conquistas calaron hondo en la memoria colectiva y significaron el periodo de mayor participación obrera en la economía.
- Hubo otros factores que marcaron el auge y consolidación de su base social: la traición de los partidos Comunista y Socialista alineados con el frente proyanqui, la educación reformista de una capa del viejo proletariado permeable a la doctrina de la conciliación de clases y la nueva migración interna que derivó en un nuevo proletariado sin la tradición marxista y anarquista heredada de generaciones anteriores.
Cuando la bonanza se extinguió, desde 1952, el frente patronal aumentó su presión para que el país se rindiera al nuevo amo del mundo y crecieron las luchas obreras. Perón podría haber resistido, pero renunció a enfrentar el golpe militar de 1955. (6) Este tuvo doble efecto: por un lado, fue el pasaporte para la semicolonización yanqui y la aplicación de los acuerdos de Bretton Woods, pero, por otro, cortó la experiencia que se hacía con Perón y su movimiento como dirección. Por esta razón, a diferencia de otros nacionalismos, el peronismo quedó grabado en la conciencia obrera como referencia política.
Ese fue el factor decisivo para que el Movimiento Peronista prolongara su vida y resurgiera casi dos décadas después con una votación récord, un inmenso apoyo social inclusive de sectores medios que antes le habían dado la espalda, y tuviera una nueva oportunidad en 1973.
Un giro en la conciencia política y sindical del movimiento obrero
Además de las conquistas sociales, el primer peronismo reflejó un auge inédito en el desarrollo de la clase obrera también en el terreno organizativo. Hubo un salto en la sindicalización que dejó una impronta profunda en los trabajadores y explica por qué se transformó en su dirección sindical y política. Se fundaron nuevos sindicatos nacionales por rama y se unificó la CGT, que se convirtió en central de masas muy poderosa.(7)
Pero el verdadero salto de calidad se dio en las fábricas: comisiones internas y cuerpos de delegados que surgieron por primera vez y se multiplicaron. Fueron la conquista democrática más importante en la evolución de la clase trabajadora y los destacamentos de combate de la “Resistencia peronista” tras el golpe militar de 1955.(8)
El fenómeno de sindicalización fue contradictorio: reflejó el apoyo de Perón en los trabajadores para presionar a la burguesía proyanqui, pero tuvo su contracara en la estatización de los sindicatos vía la burocracia incorporada al gobierno para controlar al movimiento obrero. Los cuerpos de delegados fueron las instancias más difíciles de someter, donde se gestó lo mejor de la vanguardia combativa. No casualmente allí se expresa hoy, junto con la autoorganización, el recambio de dirección en curso del movimiento obrero.
Esta organización convirtió al movimiento obrero argentino en el de mayor conciencia sindical de Latinoamérica. Pero a la vez mostró un gran atraso político al tener como referencia al peronismo, que lo educó en la conciliación de clases. Se creó un modelo sindical burocrático, anulando la independencia con estatutos regimentados por el Estado, cercenando la democracia sindical con verticalismo e instaurando un régimen de pensamiento único bajo el lema “Los sindicatos son de Perón”.
La alta conciencia sindical, más allá de sus contradicciones, contrastó con una verdadera losa en la conciencia política. Domesticada por el reformismo y abandonada por sus traiciones, quedó permeable a la doctrina de conciliación de clases.
Al servicio de su estrategia, Perón liquidó otra conquista clave: el Partido Laborista, que había surgido organizado por dirigentes sindicales. Aunque reformista, fue un proyecto de independencia política obrera que no se reeditó. Perón encarceló a su principal dirigente, Cipriano Reyes, copó el partido, lo usó para ganar las primeras elecciones y luego lo disolvió. Con sus restos y fracciones del radicalismo y conservadurismo fundó el Movimiento Peronista (luego Justicialista), con funcionamiento verticalista, férreo control desde arriba, rama sindical burocrática y brazo político enraizado en sectores burgueses. Desplegó su programa de conciliación de clases, pacto social y alianza capital-trabajo, similar a los frentes populares clásicos. Trotsky analizó variantes de frente popular en países semicoloniales, en la que los organismos obreros participaban en el gobierno indirectamente, a través de partidos únicos, como en China con Chiang-kai-Shek (al inicio) y México con Calles y Cárdenas. Esa categoría de “frente popular en forma de partido” aplica al peronismo.
Esta losa en la conciencia se mantuvo con fisuras diversas y recurrentes, durante décadas. Cumpliendo el papel de bombero de la revolución, apareció como último recurso burgués para frenar procesos semiinsurreccionales cada vez que se profundizaban. Jugó a la desmovilización obrera mediante el confusionismo y engaño sistemático, a un nivel superior al de un gobierno burgués “normal”. Convenció a millones de que las conquistas logradas por la lucha eran políticas propias y que se podían lograr sin necesidad de combatir. Claro, pudo hacerlo en la medida que tuvo recursos para financiar su fábrica de mentiras.
El apoyo al imperialismo, al que inexorablemente se rindió, tuvo una razón social: defender las migajas de la explotación semicolonial, de las que se alimentan la burocracia, las capas obreras más aristocráticas y la pequeña burguesía. De ahí que el peronismo, como todos los gobiernos frentepopulistas, terminó siendo una herramienta de explotación y represión.
Los cuatro peronismos y la metamorfosis serial
Estos rasgos centrales del peronismo y su peso determinante en la dirección de las masas, se prolongaron durante casi 80 años. La periodización que hizo el historiador Alejandro Horowicz ayuda a comprender su ascenso, debacle, reverdecer y mutaciones hacia la actual etapa senil.
- El peronismo “clásico” (1945-1955) -los dos primeros gobiernos-, es el ciclo fundamental que ya analizamos y que transitaron también los demás nacionalismos. Como lo señalamos, al peronismo el golpe militar proyanqui de 1955 le dio supervivencia.
- El peronismo proscripto. De 1955 a 1973 se alternaron dictaduras militares y gobiernos burgueses antiobreros, el peronismo estuvo proscripto y Perón en el exilio. La clase obrera resistió con grandes huelgas y camadas de activistas radicalizados y luego se abrió un ascenso con semiinsurrecciones a partir del llamado Cordobazo en 1969. Surgió una corriente clasista en el movimiento obrero. Pero políticamente el peronismo se consolidó como dirección política y nació un mito urbano: que si volvía Perón, volvía el peronismo de los orígenes.
- El Tercer peronismo (1973-1976), fue el del retorno. Con las presidencias de Cámpora, Perón e Isabel Perón, el peronismo gobernó con un tremendo apoyo, gran esperanza de transformaciones y también conflictos internos. Pero las expectativas se disiparon cuando las masas comprobaron crudamente que no había regresado a reeditar el primer peronismo, sino a frenar el ascenso prerrevolucionario que había comenzado con el Cordobazo y a barrer al activismo radicalizado y a la izquierda, incluso la que se reivindicaba peronista. Hablaron de “socialismo nacional” y amagaron por izquierda, pero rápidamente pegaron por derecha, con planes de ajuste, las bandas fascistoides de la Triple A y militarizaron el país ante las primeras grandes huelgas generales contra un gobierno peronista. El golpe militar de marzo de 1976, volvió a cortar esa experiencia acelerada, la supervivencia lograda tuvo rasgos y resultados muy diferentes a lo sucedido después del golpe militar de 1955.
- La Decadencia. A partir de allí, desde 1976 hasta la actualidad, se desarrolla la etapa de debacle, donde el proceso determinante es la crisis histórica y también estructural del peronismo. Sin Perón y sin plata para “derramar”, sus herederos no solo no encabezaron la lucha contra la dictadura más sangrienta de la historia argentina, sino que estuvieron a la retaguardia de la recuperación de las libertades democráticas. Al punto que en 1983 el peronismo pierde por primera vez una elección, se empieza a fragmentar y a transformar en un partido burgués más clásico y más nítidamente antiobrero. Sufriendo mutaciones ideológicas y programáticas. El gobierno de Menem (1989 -2000), mostró al Partido Justicialista aliado a la derecha y como artífice de la llamada década neoliberal, la de Reagan y Tatcher, que fomentó privatizaciones y una reforma laboral que cercenó conquistas de la época del primer peronismo. También fue el arquetipo de una decadencia sin punto de retorno.
El kirchnerismo: la última oportunidad
El gobierno de Néstor Kirchner, continuado por su esposa Cristina Fernández, configuró tal vez una suerte de última oportunidad de reeditar la ilusión de la utopía peronista. En su apogeo, hubo una suerte de deja vu del primer peronismo, pero esta vez no hubo corte histórico. La experiencia con el doble discurso de promesas que no se cumplieron y de logros que fueron efímeros, marcó a fuego a toda una generación y la decepción llegó para quedarse. Otra vez jugó el papel de “último recurso” que vino a desmontar el proceso revolucionario abierto con el Argentinazo de 2001 y a normalizar el país en clave capitalista. (9)
Aunque muy lejos de la magnitud de la situación excepcional del año 1945, el kirchnerismo tuvo cierta base material por el rebote y viento de cola económico internacional para fabricar una nueva ilusión. Capitalizó la energía desplegada por el Argentinazo ante la ausencia de una alternativa de izquierda con peso de masas. En lo político adoptó un doble discurso de centroizquierda, a tono con la moda del progresismo. Cedió en el terreno democrático y de derechos humanos a las demandas de la movilización y hubo cierta movilidad de salarios. Pero, salvo algunas cuestiones puntuales, en lo esencial no revirtió los cambios regresivos de la década menemista neoliberal. Y el relato naufragó frente a una realidad que trajo inflación, desocupación y una nueva frustración. El proyecto progresista que volvió a encandilar fue efímero, mutó a la peor versión del viejo PJ. Y el nivel de vida de las masas nuevamente fue castigado. De esa ecuación sobrevino el gobierno derechista de Macri, que terminó agravando la crisis del régimen.
Cristina F. de Kirchner gastó su última cuota de confianza y liderazgo, ungiendo a Alberto Fernández como presidente (2019-2023) para suceder a Macri. Una coalición de crisis que gobernó con el programa del FMI y desató una espiral inflacionaria, más pobreza y desencanto. La crisis internacional y la pandemia, obligaban a medidas de transición y de fondo a las cuales se negó. Lo cual generó un quiebre muy profundo con las masas y un golpe del cual hoy no logra recuperarse. Para colmo, cuenta con el sayo de haber sido quien sembró las condiciones para el ascenso al poder de Milei, el monstruo de la ultraderecha.
Fin de ciclo
El peronismo ya no puede volver atrás, a sus épocas de apogeo. Transitamos un fin de ciclo, la fase senil del proyecto que encandiló y ganó la dirección de la clase obrera y los sectores populares. Que defraudó muchas veces y se recicló. Que capitalizó logros conseguidos con los reclamos obreros y a la vez edificó barricadas para que la dinámica de la revolución se corte o retrase. Que empujó la sindicalización, pero entronizó a la burocracia y el viejo modelo sindical para contener las luchas y la organización independiente. Que difundió la cultura de la alianza de clases y combatió el surgimiento de una alternativa de izquierda de masas.
Hoy muestra una impotencia supina para plantarse ante Milei y como alternativa al gobierno de ultraderecha.
Está fragmentado y todas sus vertientes enfrentadas. La de Cristina Kirchner, muy debilitada y con el estigma del fracaso. La de Kicillof que se presenta como lo nuevo, pero gobierna y ajusta en Buenos Aires y tiene un proyecto burgués más clásico y enfeudado a la burocracia sindical. La de Massa ligada a sectores del gran empresariado y viejo amigo de la embajada yanqui. Y la de los gobernadores que se ordenan por sus feudos e incluso apoyan leyes de Milei. Hasta Juan Grabois, que quiso reeditar un ala más a la izquierda, no saca los pies del plato y milita por armar un rompecabezas que incluya a todos esos engendros.
Hay un salto en la crisis histórica y estructural, pero no hay que minimizarlo como escollo para la revolución. Podrán reconvertirse nuevamente. Fueron y serán un enemigo de clase que se disfraza de amigo. Pero de lo que estamos seguros es que ya no hay vuelta ni al 45, ni al “socialismo nacional” del 73 ni al proyecto renovado del kirchnerismo. No hay referentes que enamoren. Aunque lo van a intentar, son millones a quienes ya no convencen de que son el mal menor frente a Milei.
La hoja de ruta de este peronismo no incluye la calle y ha abandonado las tres banderas históricas, con un programa conservador, aggiornado a las demandas de la crisis capitalista. Reincidente en la utopía de barnizar con humanismo un capitalismo decadente. Impulsor del extractivismo y los negocios de las corporaciones y de propuestas que antes decían combatir como la flexibilización de las relaciones laborales.
Hoy, para concretar las tres banderas de justicia social, soberanía política e independencia económica, es imprescindible romper con el capitalismo y avanzar hacia el socialismo y ello será peleando por un gobierno de las y los trabajadores. Hoy esas banderas quedaron en manos de la izquierda y son parte del programa anticapitalista y socialista como el que levantamos desde el MST y el FIT Unidad.
Por ello crece la simpatía hacia la izquierda porque nos ven apoyando los conflictos de trabajadores, en la universidad, los barrios, enfrentando a la burocracia y llamando a movilizar en serio para derrotar a Milei y todo su plan y a discutir propuestas para gobernar.
Está en nosotros convocar a miles, organizar esa simpatía creciente y abordar el desafío planteado. El de poner en pie un nuevo movimiento histórico, esta vez de izquierda y revolucionario.
Lecturas recomendadas
González E. Ascenso y caída del peronismo. Ed Antídoto. 1986.
Trotsky L. Sobre la liberación nacional, Ed. Pluma, 1974.
Pacagnini G. ¿Pelear por dentro del peronismo? Cuando se amaga por izquierda y se pega por derecha. Alternativa Socialista 854. 2024.
Pacagnini G.. Qué fue y qué es el kirchnerismo. Alternativa Socialista 856. 2024.
Horowicz A. Los cuatro peronismos. Edhasa. 2013.
Horowicz A. El Kirchnerismo desarmado. La larga historia del cuarto peronismo. Ed Ariel 2023.
Moreno N. Método de interpretación de la historia argentina. Ed. Pluma 1975.
Referencias
- En un plano diferente, en los países coloniales también se dieron movimientos nacionalistas en el mismo período y con una dinámica similar; Nasser en Egipto, Jawaharlal Nehru y el propio Gandhi en la India, Sukarno en Indonesia, Messali Hadj (MNA) en Argelia, entre otros.
- Juan Domingo Perón participó del golpe militar de 1943 y luego fue Secretario de Trabajo. Por la puja interburguesa fue destituido. El 17 de octubre de 1945 hubo una histórica movilización que obligó a reponerlo en el cargo y que sentó las bases para que se desarrolle su movimiento y que luego gane las elecciones y se afiance en el poder.
- Cuando la guerra debilitó definitivamente a Inglaterra, la burguesía se dividió, viendo que pasarse a las filas del imperialismo yanqui, garantizaba sus negocios y el desarrollo de las nuevas ramas productivas. El peronismo reflejó esta contradicción: fue progresivo en tanto se opuso al imperialismo yanqui y se apoyó para ello en el movimiento obrero dando concesiones. Pero a la vez era muy reaccionario porque defendía la vieja sociedad capitalista y todo el desarrollo lo realizó sobre mano de obra intensiva y no sobre renovación de maquinarias.
- Había 1425 millones de dólares en reservas de oro y divisas. Cada argentino era acreedor con 89 dólares a favor. Para contrastar con la actualidad, donde cada argentino está “hipotecado” en aproximadamente 8.900 dólares.
- La llamada “década infame”, desde 1930 a 1940, de decadencia en la producción y consecuente aumento de la brecha social fue un reflejo de la crisis del 30. Con gobiernos conservadores y autoritarios que atacaron fuertemente al proletariado.
- El 16/9/55 se produjo el golpe militar-patronal-clerical-imperialista que inauguró una dictadura conocida como Revolución Libertadora hasta 1958, encabezada primero por Lonardi y luego por Aramburu y Rojas. Con Perón exiliado y proscripto, se sucedieron luego los gobiernos de Frondizi 1958-1962(desarrollista), Guido 1962-1963 (cívico-militar), Illia (Radical) de 1963 hasta otro militar en 1966 que inauguró una nueva dictadura donde se sucedieron en el gobierno los generales Onganía, Levingston y Lanusse. En 1973 se recuperó el régimen democrático burgués con el regreso de Perón.
- En 1936 había 296 organizaciones sindicales y en 1945 con el auge del peronismo ese número se triplicó. Asimismo evolucionó la cantidad de trabajadores afiliados de 369.969 en 1936 a 3 millones en 1951.
- La llamada “Resistencia peronista”, fue el período de lucha y reorganización de la clase obrera durante la dictadura militar de 1955 a 1958. Surgieron activismo y agrupaciones combativas y se recuperaron las organizaciones sindicales. Una gran vanguardia de la que participó activamente el trotskismo, pero que tenía como referencia política a Perón en el exilio.
- El llamado Argentinazo fue un proceso revolucionario que terminó con la “década neoliberal”, tumbó 5 gobiernos en 11 días, generó auge de masas y organismos de lucha, terminó con el viejo régimen bipartidista de alternancia entre la UCR y el PJ y generó tal inestabilidad que la burguesía desesperada apeló a un ignoto dirigente del peronismo patagónico, Néstor Kirchner, para reorganizar el peronismo y apagar el incendio social, recomponiendo el régimen.









