Cese al fuego en Nagorno-Karabaj: ganó el chauvinismo, perdió el pueblo trabajador

Por Emre Güntekin

La guerra de casi seis semanas entre Armenia y Azerbaiyán terminó con el acuerdo anunciado firmado el 9 de noviembre con la participación de Rusia. El alto el fuego comenzó a partir de las 00:00 horas del 10 de noviembre.

“Esto no es una victoria, pero no hay una derrota”, anunció el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, en su cuenta de Facebook. En su discurso a la nación, Aliyev dijo que el acuerdo se firmó no porque Armenia lo quisiera, sino por la mano de hierro de Azerbaiyán. Esta derrota se había vuelto más evidente para Armenia en los últimos días. Especialmente con la adquisición azerí de la ciudad de Shusha, que Ilham Aliyev describió como la “Jerusalén de Nagorno-Karabaj”.

Aunque la tensión en la región continuó con pequeños enfrentamientos desde el alto el fuego de 1994, hasta ahora no había desencadenado un proceso de guerra. Los regímenes nacionalistas de ambos países continuaron utilizando esa tensión como herramienta para la política interna.

Hoy es posible explicar el avance de la tensión hasta la guerra con el espíritu de la época. Turquía ofreció un apoyo activo nunca antes visto a Azerbaiyán desde el comienzo de la guerra. Incluso se dijo en voz alta que los elementos yihadistas que luchan en Siria fueron llevados a esta guerra. Por otro lado, vimos que los drones, que brindaron un apoyo significativo al gobierno de Sarrac apoyado por Erdogan en Libia, se emplearon en la Guerra de Nagorno-Karabaj. Esto se comercializará como una historia de éxito para mitigar la crisis que atravieza el bloque AKP-MHP en Turquía.

En particular, lo aludido por Aliyev de que Turquía también tendría lugar junto a Rusia como fuerza de paz en Nagorno-Karabaj, fue inmediatamente anunciado por los medios partidarios del régimen de Erdogan, especialmente la agencia oficial Agencia Anadolu. Si esta situación avanza, Turquía podrá verse a sí misma como “jefe” de Azerbaiyán. Sin embargo, la falta de referencia a ese papel en el texto del acuerdo reflejado en los medios de comunicación puede indicar que el gobierno y sus representantes festejaron antes de tiempo. Putin, al contrario de lo que sucedió en Siria y Libia, no aceptará la presencia de Turquía tan fácilmente en su dominio, el Cáucaso.

Putin, cuyo rol en la guerra era natural debido a sus relaciones con Armenia y Azerbaiyán, parece ser el verdadero ganador. Rusia no abandonó su imagen de “neutralidad” hasta el último momento. Hasta ayer, no habían hablado del progreso de Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj, que era uno de los regímenes más compatibles de las potencias que quedaron de la antigua región soviética, y con la que tiene fuertes lazos económicos. Por otro lado, impidió que la guerra se extendiera al territorio de Armenia, que ha existido como estado vasallo de Rusia hasta hoy.

Rusia no perdió nada. Por el contrario, aumentará su presencia militar en la región, lo cual es el resultado más razonable para Rusia.

La pérdida de una guerra, por supuesto, tiene un precio para los poderes burgueses. Dependiendo del curso de la lucha de clases, si bien las clases dominantes han pagado ese precio con revoluciones en el pasado, los enfoques burgueses alternativos pueden ubicarse cuando las clases trabajadoras no entran en escena, como sucede en Armenia hoy. Con el anuncio del acuerdo, parece que las cosas no serán fáciles para Pashinyan, quien llegó al poder con la Revolución de Terciopelo en 2018. Tras la derrota, se difundieron en redes sociales videos de la gente atacando los edificios del gobierno en la capital Yereván. El presidente del parlamento armenio, Ararat Mirzoyan, también fue atacado por manifestantes en la calle.

 Los ex presidentes Serzh Sargsyan y Robert Kocharyan, que fueron rechazados por la Revolución de Terciopelo, afirman que serían efectivos para el nuevo período que se abre en Armenia, y los grupos nacionalistas pueden fortalecer su hegemonía. En algunas cuentas de redes sociales, se afirma que las multitudes que asaltaron el parlamento y los edificios gubernamentales anoche y estaban vestidas de camuflaje fueron organizadas personalmente por Kocharyan y Sargsyan.

Este resultado también complace a Rusia, porque ahora Armenia dependerá aún más de ella que antes. Desde el día en que llegó al poder, Pashinyan ha estado tratando de acercar a Armenia a la UE por un lado, y por otro lado, ha estado tratando de establecer un equilibrio con Rusia, que ha tenido una fuerte influencia en el país desde su creación. Con respecto a las bases militares de Rusia en el país, dijo en una entrevista: “Si consideramos nuestras relaciones con Turquía, no tengo ningún problema con las bases militares rusas. Las bases protegen esta frontera de nuestro país, por eso las necesitamos”.

Hemos visto en muchos ejemplos como los intentos de revolución de colores no fueron bien recibidos por Moscú en los países exsoviéticos. Aunque Rusia no declaró una oposición abierta a Pashinyan, las investigaciones contra los oligarcas prorrusos, el legado de la URSS, las crecientes críticas a Rusia en los medios de comunicación armenios y las actividades de las fundaciones respaldadas por Soros aumentaron el descontento popular. Como resultado, ahora será mucho más fácil para Putin reequilibrar la política interna de Armenia. A pesar de todas las expectativas de Pashinyan, la falta de apoyo activo de Rusia hasta el último momento completa este resultado.

Asimismo, cabe señalar que EE.UU. y la UE durante el proceso electoral no brindaron el apoyo que esperaba Pashinyan. El ponerle fin a la guerra ante las potencias occidentales es ahora otra victoria de Putin.

En el frente de Azerbaiyán, para el régimen de Aliyev, la guerra significa resolver una disputa de sangre de 30 años. Aunque cuestiones como la corrupción y la pobreza desencadenan movimientos momentáneos de oposición para Azerbaiyán de vez en cuando, el régimen ha podido aplastarlos con mano de hierro antes de que crezcan. Además, la cuestión de Nagorno-Karabaj permitió al régimen unir a las masas en torno a una campaña nacionalista cada vez que estas le generaban problemas. El régimen ahora tiene una victoria en sus manos, pero la embriaguez de esta victoria no durará para siempre. La embriaguez nacionalista es esencial para la supervivencia de dinastías podridas como Aliyev. No hay nada más dulce que una victoria de guerra para este régimen corrupto que ha chupado la sangre de los trabajadores azerbaiyanos durante décadas. No es posible que los trabajadores azerbaiyanos miren al futuro con esperanza sin enfrentar y luchar contra la dinastía de Aliyev, que se ha apropiado toda la riqueza del país y está impregnada de corrupción.

Al igual que Oriente Medio, el Cáucaso ha sido un campo de batalla del imperialismo y las potencias regionales durante décadas. El alto el fuego no erradicará instantáneamente estas tensiones étnicas y procesos conflictivos. La guerra, la sangre y las lágrimas serán el destino inevitable de los pueblos de la región, mientras las fuerzas burguesas dependan del chovinismo para sobrevivir. Para cambiar esto, más allá de una paz hipócrita, hay una necesidad urgente de una alternativa que abarque a todos los pueblos oprimidos y explotados. ¡Esta alternativa no es más que construir el Cáucaso socialista!