Las calles alrededor del Congreso de la Nación y en todas las calles y plazas del país latían al ritmo de una misma certeza. Una de las movilizaciones más grandes en el país de los últimos tiempos. Decenas y decenas de miles de voces, miles de historias, consignas urgentes: Ni Una Menos. Vivas nos queremos. El Estado es responsable. La bronca por cada femicidio y la decisión de seguir luchando confluyeron en una marea de carteles, cánticos y abrazos combativos. La rabia acumulada frente a los femicidios recientes se fundió con el rechazo a las políticas reaccionarias de Milei, que buscan desmantelar derechos, vaciar políticas de género y desacreditar al movimiento feminista. Frente a esa ofensiva y una realidad alarmante, la respuesta fue masiva y contundente.
Por Oda Cuentas
Una acción de masas
Las calles volvieron a hablar. A once años de la primera marcha Ni Una Menos, decenas de miles y miles de personas se movilizaron este 3 de junio en Buenos Aires y en las principales ciudades del país para gritar una vez más contra los femicidios, la violencia patriarcal y el desmantelamiento de las políticas de género. Alrededor del Congreso Nacional la movilización fue masiva. Carteles, banderas, cánticos y una energía inmensa recorrieron la jornada. La bronca se transformó en una necesaria acción de lucha callejera para exigir justicia por Agostina Vega, Dulce Candia, Noelia Romero, víctimas de femicidio en la última semana en el país. En la lectura del documento colectivo frente al Congreso, la reconocida cantante Cazzu lo resumió con precisión: “el 3 de junio es el grito de hartazgo que hace once años salió a las calles en Argentina y se extendió por todo el mundo, tejiendo una denuncia colectiva”.
La movilización no se limitó a Buenos Aires. En Córdoba, epicentro del dolor por Agostina Vega, una multitud copó las calles a pesar de la lluvia. También en Rosario, Mendoza, Santa Fe, Jujuy, Neuquén, La Plata y decenas de ciudades del interior del país hubo acciones y movilizaciones. «Entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo de 2026 se registraron al menos 3.205 víctimas letales de violencia de género. No son números, son vidas arrancadas por la violencia machista», detallaba el Documento leído. Porque mientras las mujeres y diversidades continúan siendo víctimas de múltiples violencias, el gobierno de Javier Milei despliega una ofensiva ideológica y material contra las conquistas del movimiento feminista.
Desde su llegada al gobierno, Milei impulsó una ofensiva sistemática contra las políticas de género y diversidad. Entre sus primeras medidas eliminó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, redujo o desmanteló programas de asistencia y prevención de las violencias por motivos de género, avanzó con despidos en áreas especializadas, recortó presupuestos destinados a la protección y acompañamiento de víctimas y promueve un discurso oficial que niega la existencia de desigualdades estructurales entre varones y mujeres. A esto se suman los ataques permanentes contra la Educación Sexual Integral (ESI), los cuestionamientos a la figura legal del femicidio y las reiteradas declaraciones de funcionarios que buscan desacreditar al movimiento feminista y presentar sus conquistas como supuestos «privilegios». Todo es parte de un proyecto político que combina ajuste económico contra las mayorías trabajadoras con una agenda reaccionaria orientada a debilitar las herramientas de prevención, asistencia y reparación conquistadas tras décadas de lucha de mujeres y diversidades.
Los femicidios que hicieron más urgente este 3J
Tres crímenes en pocos días sacudieron al país y le dieron a la convocatoria de este año una urgencia y una rabia difíciles de contener. La primera conmoción llegó desde Córdoba: Agostina Vega, de apenas 14 años, fue brutalmente asesinada por Claudio Barrelier, de 33 años, ex pareja de su madre. Su cuerpo apareció en un descampado del barrio Ampliación Ferreyra, al sur de la ciudad, tras siete días de búsqueda angustiante. Era un femicidio anunciado: Barrelier contaba con una causa abierta por amenazas y privación ilegítima de la libertad, pero la justicia cordobesa le había concedido la libertad bajo fianza y restricciones mínimas que consistían en presentarse apenas una vez al mes en la fiscalía. El responsable de dejarlo en libertad fue el Dr. Ivan Rodríguez, titular de una fiscalía de instrucción.
La respuesta del fiscal Raúl Garzón ante los medios, cargada de soberbia y falsas expectativas, recrudeció la indignación. El imputado, empleado municipal y miembro de la barra de Instituto, también exhibía vínculos con referentes del peronismo cordobés, evidenciados en fotografías junto a concejales y exfuncionarios del PJ local. Lo que muestra que no hay grietas en las instituciones ni entre los partidos patronales cuando hablamos de patriarcado. Todo este entramado fue denunciado hoy desde el documento leído en el acto central.
Dulce María Candia, de 17 años, fue asesinada en una obra en construcción de Eldorado, Misiones, luego de que su familia denunciara su desaparición el 17 de mayo. La autopsia determinó que murió por asfixia mecánica. A dos días del 3J, llegó el tercer golpe: Noelia Carolina Rivero, de 30 años. Logró llamar a la Policía para alertar que su pareja la mantenía cautiva en una vivienda de Temperley, Buenos Aires. Cuando los efectivos finalmente pudieron ingresar al inmueble, la encontraron asesinada a cuchillazos. Había pedido ayuda, y el Estado no llegó a tiempo.
El origen del 3 de junio
El 3 de junio de 2015 marcó un antes y un después en la historia del movimiento de mujeres en Argentina y en el mundo. El disparador fue el caso de Chiara Páez, una adolescente de 14 años, misma edad que Agostina Vega, asesinada por su novio y enterrada en el patio de su casa en Rufino, Santa Fe. Ante una cadena interminable de crímenes sin respuesta, un colectivo de periodistas y activistas feministas lanzó la consigna Ni Una Menos y convocó a una movilización: se marchó en más de ochenta ciudades de Argentina simultáneamente. Violeta y verde tiñeron las calles. Hubo movilizaciones inéditas en pueblos y ciudades chicas. Las imágenes recorrieron los medios de todos los continentes. Desde entonces, cada 3 de junio en Argentina volvemos a las plazas para denunciar las violencias contra mujeres, lesbianas, travestis, trans, personas intersex y no binaries. Y desde entonces también, el Ni Una Menos dejó de ser solo una consigna contra los femicidios: cobró un significado mucho más grande y con exigencias claras contra los responsables políticos de las violencias de género y la denuncia al sistema que lo sostiene.
Una conquista arrancada: la historia del femicidio como figura legal
Argentina fue pionera en la región en nombrar y tipificar legalmente el femicidio. Antes de 2012, estos crímenes eran encuadrados simplemente como «homicidio agravado por el vínculo» en el Código Penal, una categoría que borraba el carácter de género del crimen y diluía su especificidad. Fue la presión sostenida de las organizaciones feministas, con años de trabajo en la calle, en los juzgados y en los parlamentos, la que logró que en noviembre de 2012 se incorporara el femicidio como figura penal autónoma, reconociendo por primera vez que matar a una mujer por el hecho de serlo responde a una lógica de dominación estructural que requiere una respuesta legal diferenciada. Además, la incorporación de esta figura permitió que estos crímenes sean investigados y juzgados con la perspectiva de género correspondiente y encuadrados bajo la máxima gravedad penal prevista por la ley, con penas de prisión perpetua para los responsables.
El gobierno de Milei no solo niega el uso del término femicidio en sus comunicaciones oficiales, englobando todo bajo el eufemismo «homicidios de mujeres» para fabricar estadísticas a medida, sino que también expresa su intención de eliminar esta figura del Código Penal. En paralelo, la senadora Carolina Losada (LLA) promueve un proyecto para penalizar las llamadas «falsas denuncias», pese a que los datos del Observatorio de Género de los Ministerios Públicos muestran que representan un porcentaje ínfimo de los casos. Se trata de una ofensiva destinada a desalentar las denuncias, reforzar la impunidad de los agresores y avanzar sobre derechos conquistados. Sin embargo, no les va a resultar sencillo concretar estas amenazas: la potencia del movimiento feminista en Argentina, que arrancó conquistas históricas, sigue siendo un obstáculo para quienes pretenden hacernos retroceder décadas en materia de derechos y protección frente a las violencias de género. La masiva movilización de este miércoles volvió a demostrar que existen fuerzas y disposición a luchar para enfrentar estos ataques y defender cada una de las conquistas logradas.
Dar la pelea hasta el final
Exigimos justicia por Agostina Vega, por Dulce Candia, por Noelia Rivero y por todas. Denunciamos al gobierno de Milei, que con sus recortes y su negacionismo construye el andamiaje para que la violencia patriarcal actúe con impunidad. Denunciamos al gobierno de Córdoba y a su aparato judicial: la policía y la justicia que no investigaron ni buscaron a Agostina en las primeras cuarenta y ocho horas, el fiscal Garzón que respondió con sorna y soberbia, el poder político que cerró filas para proteger sus vínculos con el imputado. Denunciamos el entramado institucional que responde al unísono cuando se trata de encubrir a los suyos. Conscientes de que la lucha contra los femicidios no puede separarse de la pelea contra un sistema que reproduce desigualdad, violencia y opresión.
Este nuevo 3J volvió a demostrar que hay bronca y también mucha fuerza. Desde Juntas y a la Izquierda – MST marchamos en todo el país, con las exigencias más urgentes y sabiendo que no alcanza con leyes que no se aplican ni con programas vaciados de recursos. Tampoco con los cantos de sirena de algunos sectores progresistas que pretenden resolver una problemática estructural con políticas coyunturales, sin cuestionar el sistema que produce y reproduce la violencia. Hace falta presupuesto, redes de contención y justicia efectiva, pero también una perspectiva que vaya al fondo del problema. Porque los femicidios, la precarización y todas las formas de violencia machista encuentran su sustento en este sistema capitalista y patriarcal. Por eso peleamos por un feminismo socialista, radicalizado, de lucha, y de clase que denuncie no sólo al patriarcado sino también al capitalismo y a sus instituciones. Seguiremos en las calles y construyendo la organización política que dé esta pelea, hasta el final.





