Por Frederik Haber / Martin Suchanek
Desde hace ya varios días, las protestas masivas contra un complejo turístico de lujo valorado en miles de millones se han ido consolidando en un movimiento contra el Gobierno y la corrupción en el país.
Desde el 5 de junio, miles de personas —y, en ocasiones, decenas de miles— se han manifestado a diario en Tirana y en otras ciudades del país. El Gobierno de Rama respondió inicialmente a las protestas restándoles importancia y calificándolas de acciones de una minoría pequeña y desorientada; ahora, además de recurrir a las mentiras y la difamación, está recurriendo a la represión. En los últimos días se han utilizado cañones de agua y gas lacrimógeno.
El detonante de las protestas y las relaciones con Estados Unidos
Las protestas llevan tiempo dirigidas no solo contra el complejo turístico de lujo de cuatro mil millones de euros propiedad de Jared Kushner e Ivanka Trump, en el que también tienen participaciones inversores de Catar y un oligarca local. Su empresa de inversiones, Affinity Partners, tiene previsto construir hoteles con 10 000 habitaciones, villas y un puerto deportivo para turistas adinerados en la isla de Sazan. También pretenden urbanizar la playa del continente situada frente a ella. Desgraciadamente, esta zona linda con la reserva natural de Vjosa-Narta, en la costa adriática, con la laguna de Narta situada justo entre ambas. Esta zona ecológicamente sensible alberga especies raras como flamencos, focas y tortugas marinas. El río Vjosa es conocido como uno de los últimos ríos vírgenes de Europa y se ha defendido con éxito contra la construcción de presas para la energía hidroeléctrica. Recien en 2023 todo el curso del río dentro de Albania fue declarado parque nacional. De hecho, la evaluación de impacto ambiental del proyecto de construcción aún está en curso, pero las obras comenzaron en mayo. Con la amable ayuda del Gobierno de Rama, ya en 2025 se modificaron las normas legales para favorecer a Affinity Partners.
El hecho de que Kushner y Trump puedan sacar adelante su proyecto con tanta facilidad pone de manifiesto los estrechos vínculos que existen entre el Gobierno albanés y el imperialismo estadounidense. El país pertenece al ilustre círculo de miembros de pleno derecho del «Consejo de la Paz» de Trump. Una inversión de mil millones de dólares no va a verse frustrada por unas pocas regulaciones medioambientales, sobre todo cuando el yerno del presidente de EE. UU. está prometiendo a Albania una ciudad completamente nueva en la laguna.
¡No a la corrupción y a las traiciones!
El proyecto y el apoyo que le brinda el Gobierno son también un ejemplo de la corrupción rampante en el país. Se sospecha además que la ministra de Infraestructuras y viceprimera ministra, Belinda Balluku, ha concedido un trato preferencial a determinadas empresas en la adjudicación de contratos importantes. Sin embargo, a pesar de las exigencias de la Autoridad Anticorrupción y de las protestas de febrero de 2026, el Partido Socialista, en el gobierno, se negó a levantar su inmunidad. Aunque Balluku dimitió a finales de febrero debido a la presión del Gobierno, el Parlamento siguió negándose a autorizar su detención.
En los últimos años, destacados miembros del Partido Socialista —que gobierna desde 2013, surgió del antiguo «Partido del Trabajo» estalinista y ahora forma parte de la Internacional Socialista— han sido acusados en repetidas ocasiones de corrupción y, en algunos casos, han sido procesados. Al igual que sus predecesores conservadores del Partido Democrático, estrechamente vinculado al Partido Popular Europeo, el Partido Socialista de Rama también prometió erradicar «de una vez por todas» la corrupción.
El hecho de que esto no haya tenido éxito no se debe únicamente a los estrechos vínculos que ambos partidos mantienen con el aparato estatal, el mundo empresarial y el imperialismo estadounidense y europeo. La corrupción es, en última instancia, una expresión de la restauración capitalista tras el derrocamiento del estalinismo en su variante hoxhista. La restauración capitalista vino acompañada necesariamente de formas criminales de privatización y del saqueo de la antigua propiedad estatal. Solo así pudo crearse una nueva clase capitalista, dependiente del imperialismo occidental.
Por lo tanto, resulta, por supuesto, pura demagogia que el Partido Demócrata, que gobernó hasta 2013, y la oposición parlamentaria que domina, intenten presentarse como una fuerza anticorrupción. Fueron destituidos hace 13 años precisamente por su corrupción. Y, aun así, apoyan el polémico proyecto de inversión. Tampoco es solo Estados Unidos quien hace uso de esta red de nepotismo. Aunque la UE exige que Albania aborde de una vez por todas la corrupción como condición para su adhesión, la dependencia económica del país respecto a la UE la perpetúa una y otra vez. Albania exporta principalmente productos agrícolas y materias primas, sobre todo a la UE y, dentro de esta, principalmente a Italia. A esto se suman cientos de miles de trabajadores migrantes que envían alrededor de 100 millones de euros al mes a su país de origen. El sector bancario está dominado por el banco austriaco Raiffeisen Bank. El país está intentando compensar su falta de base industrial e infraestructuras mediante la industria turística, que, de hecho, ha crecido enormemente en las últimas décadas y es la principal responsable del crecimiento económico del país. El número de pernoctaciones pasó de 588 000 en 2004 a 5,5 millones en 2021, de los cuales más de 4 millones procedían de otros países europeos.
El movimiento de protesta y sus perspectivas
Las protestas en el país se dirigen, con razón, contra la corrupción y la mala gestión. El complejo turístico de lujo de Kushner y Trump simboliza de forma cruda la profunda brecha social que también atraviesa la sociedad albanesa. Las medidas del Gobierno, así como la brutalidad de las fuerzas de seguridad en la zonda de la obra, fueron la gota que colmó el vaso. En un contexto de bajos salarios y falta de perspectivas para los jóvenes, que se ven obligados a buscar trabajo en Europa y en todo el mundo, los acuerdos corruptos alcanzados por multimillonarios parecen especialmente obscenos y provocadores. La consigna «Fuera Rama» lleva tiempo resonando en Tirana y otras ciudades. Sin embargo, sigue sin estar claro quién va a sustituirlo.
Junto al Partido Socialista y al Partido Democrático, Levizja Bashke (LB; Movimiento Juntos) ha intentado consolidarse en los últimos años y actualmente cuenta con un representante en el Parlamento y otro en la Asamblea Municipal de Tirana. Debido al anticomunismo muy arraigado en Albania —un legado de la época de Enver Hoxha—, LB está realizando grandes esfuerzos por proyectar una imagen no comunista; por ejemplo, se abstiene de manera muy oportunista de expresar públicamente su solidaridad con Palestina y se centra en reivindicaciones económicas y democráticas. Aunque LB podría beneficiarse de las manifestaciones masivas, aún no es evidente que esté afianzando su perfil de izquierda, por ejemplo, vinculando la solidaridad con Palestina a la lucha contra Rama y el clan Trump. Así, aunque LB también reclama el derrocamiento de Rama y llama acciones diarias en todo el país, aún no ha establecido una estrategia sobre cómo dotar a esta lucha de una perspectiva política.
Al igual que en otros países de los Balcanes —por ejemplo, Serbia y Bulgaria—, en Albania también está surgiendo un movimiento de protesta contra la corrupción y el creciente autoritarismo del régimen.
Políticamente, sigue siendo difuso y depende, al menos en parte, de la presión de la UE para que se tomen medidas contra el Gobierno. Estas ilusiones no significan en absoluto que los revolucionarios y socialistas deban dar la espalda al movimiento de protesta, pero deben advertir con firmeza contra ellas. A diferencia de las protestas en Serbia y Bulgaria, las protestas en Albania no solo pueden sacudir al país de su pasividad política, sino también vincularse con movimientos en otros países. Desde el principio, esta lucha ha tenido una dimensión significativamente más internacional que las luchas en Serbia o Bulgaria.
También corresponde a la izquierda internacional demostrar que el futuro de Albania no depende de si el país se somete al imperialismo estadounidense o a la UE, sino de la lucha conjunta contra todas las facciones de la clase dominante y sus aliados imperialistas. Porque la lucha contra la corrupción, contra el nepotismo y contra el autoritarismo solo puede tener éxito, en última instancia, si se dirige también contra el sistema que los genera inevitablemente: ¡contra el capitalismo!





