El año pasado hubo movilizaciones masivas en las calles, con muchos estudiantes. Las protestas por la Global Sumud Flotilla también recorrieron las universidades italianas. Desde Catania, nuestros compañeros del Partito Comunista dei Laboratori (PCL), sección italiana de la LIS, que fueron parte de las acciones, hablaron con Giulia, estudiante de filosofía y con el trabajador M. C., socio-educador en la Cooperativa Valdocco, ambos de Turín. La entrevista invita a mirar más de cerca y a pensar cómo podemos ser más fuertes la próxima vez mientras seguimos apoyando a la Flotilla.

Entrevista realizada por compañeros del PCL

Giulia

Después de las ocupaciones de 2023, ¿cómo se relanzó la movilización por Palestina en Turín?

Giulia: Tras el fin de la ocupación de las facultades de humanidades de la Universidad de Turín (Palazzo Nuovo), las iniciativas por Palestina se volvieron mucho más dispersas. Quien dio un soplo de aire fresco al movimiento fue la expedición humanitaria de la Global Sumud Flotilla. La solidaridad con la Flotilla no involucró solo a los trabajadores portuarios (que se movilizaron desde su salida en todos los puertos italianos), sino también y sobre todo a los estudiantes, en particular a los universitarios. Muchas organizaciones intentaron preparar una nueva movilización unitaria para crear una “tripulación en tierra” en apoyo de la misión. Sin embargo, en Turín las asambleas organizativas no lograron generar un movimiento que fuera más allá de los muros de la universidad. El otoño reprodujo dinámicas muy similares a las movilizaciones del año anterior. Aunque se reconocía la importancia de su presencia en una lucha que “interesaba a todos y todas”, nunca se intentó extender la movilización a los trabajadores con acciones dirigidas a ello: reparto de volantes, piquetes o asambleas frente a fábricas.

A pesar de que Turín es un importante polo industrial en Italia y en los últimos años ha recibido muchas inversiones en el sector bélico, la activación estudiantil en ese ámbito siempre fue poco funcional para crear un frente unitario con consignas revolucionarias. La corriente autónoma, mayoritaria, volvió a centrarse en el boicot académico sin buscar una verdadera convergencia con los trabajadores, invitando solo ocasionalmente a delegados de fábrica a algunos encuentros universitarios. La segunda fuerza universitaria por número, Cambiare Rotta–Colectivo Universitario Autoorganizado, boicoteó las asambleas de la Intifada estudiantil y prefirió organizar por su cuenta una nueva acampada en la facultad de ciencias políticas. Las organizaciones juveniles de Potere al Popolo–Rete dei Comunisti siguieron indicaciones sectarias a nivel nacional de la Unione Sindacale di Base, con la que realizaron algunos encuentros cerrados a otras organizaciones políticas y sindicales de la ciudad.

La gran manifestación de Turín con motivo de la huelga general del 22 de septiembre (en respuesta al bloqueo de la Flotilla) no fue producto de un trabajo organizado de la vanguardia estudiantil ni involucró a sectores industriales clave en la complicidad con el genocidio en Palestina, como las fábricas de Leonardo. La participación se limitó a sindicatos de base, estudiantes y trabajadores del conocimiento. Algo similar ocurrió el 3 de octubre, aunque en ese caso la adhesión de la Confederazione Generale Italiana del Lavoro (CGIL) amplió la convocatoria.

¿Qué crees que produjo la ausencia de unidad de acción entre los estudiantes?

Giulia: En realidad, la presencia estudiantil en movilizaciones y huelgas fue muy fuerte, y las jornadas del 22 de septiembre y del 3 de octubre muestran su protagonismo. Pero la participación de las distintas corrientes en la organización evidenciaba división y desorganización generalizadas: las asambleas unitarias no analizaban el movimiento ni definían estrategias, no había debates ni intercambio de opiniones. Las reuniones se limitaban a planificar la próxima manifestación, pegada de carteles o evento. El horizonte político y estratégico estaba completamente ausente del debate colectivo. Cada organización discutía su táctica por separado, mientras que las reuniones comunes servían solo para informar a otras sobre iniciativas propias.

A esto se sumaba una práctica asamblearia fuertemente antidemocrática, que fue alejando a las minorías de la asamblea “oficial”, hegemonizada por la autonomía. En lugar de votar, se utilizaba la “síntesis” de opiniones, intentando conciliar todas las propuestas sin abordar sus contradicciones. El resultado era que las propuestas incómodas simplemente se ignoraban. Esto generó desánimo: la falta de debate y análisis alejó a estudiantes menos politizados o sin organización. La falta de implicación real llevó al progresivo desmantelamiento de la asamblea de la Intifada, también ante la ausencia casi total de resultados en tres años de movilización.

¿El movimiento estudiantil ha retrocedido definitivamente?

Giulia: En absoluto. En los últimos meses, los estudiantes han estado en primera línea en todos los movimientos progresivos del país: desde huelgas en apoyo a la Flotilla hasta el 8 de marzo, pasando por movilizaciones contra la guerra imperialista en Irán y en apoyo al pueblo kurdo. Más allá de la dispersión de fuerzas por falta de un proyecto político unitario (como podría haber sido una asamblea democrática de todos los estudiantes de Turín o incluso una coordinación nacional antiimperialista), cada organización contribuyó a generar momentos de gran participación popular.

Sin embargo, sin una dirección común, los movimientos de masas tienden a seguir ciclos marcados por la situación en Palestina y las condiciones del proletariado local. Además, existe el riesgo de represalias gubernamentales en fases de retroceso. Mientras en los momentos de auge se realizaron acciones directas sin consecuencias, luego llegaron multas y arrestos cuando disminuyó la protección de las masas. No obstante, no se puede supeditar la construcción de un movimiento unitario anticapitalista a esas oscilaciones. Es necesario superar tendencias sectarias y oportunistas y construir una lucha común que golpee a quienes sostienen el genocidio y la agresión imperialista, especialmente en sus beneficios. Esto implica bloquear producción y comercio, trabajar por una huelga unitaria prolongada y promover un frente intersindical que incluya también a la CGIL. En síntesis: trabajadores y estudiantes de todo el país, ¡uníos!

Continuamos conversando con M. C.

En tu entorno laboral, ¿cuál es la posición general respecto a la guerra en Palestina y cómo fue la participación en las movilizaciones?

M.C.: Trabajo como socio-educador en una cooperativa muy conocida en Turín. Mi sector es el sanitario, aunque diverso. Los socio-educadores están más cerca del ámbito docente, que fue el más movilizado. En cambio, entre los operadores sociosanitarios (los “obreros” de la sanidad) hubo menor participación. Aun así, el sentimiento general es de rechazo a la violencia en Palestina, aunque muchas veces de forma vaga. El desafío es hacer entender que la acción colectiva puede cambiar las cosas, que las guerras externas afectan derechos y salarios internos, y que no hay que temer represalias si se actúa unidos. Aún hay mucho miedo, fruto del individualismo y la pasividad.

¿Estás afiliado a un sindicato? ¿Cómo fue su relación con las huelgas?

M.C.: Sí, a la Confederazione Unitaria di Base (CUB). Fue activa en el movimiento “Turín por Gaza” e intentó llevar el debate a los lugares de trabajo. Era un proceso recién iniciado, que se dificultó tras episodios de violencia en las protestas, mal comprendidos por muchos trabajadores influenciados por los medios. Sin embargo, es clave ese trabajo “ideológico” para ampliar la base. La masa protege: cuando éramos muchos, no se podían criminalizar las protestas. Ahora, con menos participación, el gobierno responde con represión.

¿Qué argumentos se usaron para convocar a la huelga?

M.C.: Se intentó explicar la relación entre economía y política: el gasto militar implica recortes en sanidad, precarización laboral y beneficios para pocos. También se apeló al deseo de que el Estado recupere servicios privatizados. Pero la campaña estaba empezando cuando el contexto cambió.

¿Cómo fue la relación con otros sindicatos?

M.C.: Con la Confederazione Generale Italiana del Lavoro (CGIL) hubo tensiones: su dirección evitaba movilizaciones tan políticas, pero la presión de la base la empujó a participar. Incluso llegó a sumarse a protestas convocadas por sindicatos de base, algo poco habitual.

¿Hay posibilidades de que el movimiento resurja?

M.C.: Sí. Nada de lo hecho se pierde; ha sembrado conciencia y preguntas.

¿Qué debería hacer el movimiento en el futuro?

M.C.: Debe llevar sus espacios a los lugares de trabajo, especialmente industriales. Sectores como la industria armamentística son estratégicos. Hay que generalizar luchas como la de los portuarios y superar el carácter predominantemente estudiantil del movimiento. Es clave abandonar el sectarismo y trabajar hacia una base amplia. Todo debe girar en torno a un concepto: la masa. Cuantos más trabajadores participen, más cambiará la correlación de fuerzas. Los trabajadores tienen el poder de bloquear los recursos económicos de los poderosos.