La presidencia de Trump retira de Europa a 5000 soldados estadounidenses. Regresa a Estados Unidos la brigada adicional desplegada por Biden tras la invasión rusa a Ucrania. También se revoca el envío del regimiento de misiles Cruise dispuesto en su momento.

Por Marco Ferrando

Las dimensiones de la “retirada” estadounidense son muy modestas. El contingente norteamericano estacionado en Europa asciende en total a 75.000 efectivos. La retirada se concentra esencialmente en Alemania. El rearme alemán y polaco compensa ampliamente el repliegue estadounidense.

Sin embargo, la señal política no es irrelevante. La decisión del desenganche parcial fue tomada sin consultar a los aliados europeos de la OTAN. Y se combina con el anuncio, todavía oficioso, según el cual “en caso de guerra” Estados Unidos reduciría la cantidad de militares estadounidenses que serían enviados “en socorro” de Europa.

La línea del America First da así un nuevo paso adelante. No se trata del abandono estadounidense del viejo continente, el “Día D a la inversa” del que habla la prensa burguesa (La Repubblica, 21/5). Pero ciertamente la nueva presidencia estadounidense confirma su línea de tendencia. El imperialismo estadounidense en declive tiene dificultades para sostener los costos de su vieja hegemonía mundial y procede a recortarlos unilateralmente. Mejor concentrarse en la frontera del Pacífico, donde se juega la partida estratégica con el imperialismo chino. Por otra parte, el nuevo Documento Estratégico de la administración estadounidense señala al imperialismo ruso como “adversario de largo plazo”, ya no como “enemigo”. Y respecto de Putin, Trump viene desarrollando desde hace tiempo una nueva política. No amistosa, sino de intercambio. “Fuera Rusia (y China) de Venezuela, de Cuba, del continente americano”, que el presidente estadounidense quiere íntegramente “bajo las barras y estrellas”. Pero plena disposición a negociar con Rusia el reparto de Ucrania y a reconocerle un espacio más amplio en Europa.

La crisis del eje transatlántico entre el imperialismo estadounidense y los imperialismos europeos está en pleno desarrollo. La polémica estadounidense contra la falta de apoyo europeo en la guerra contra Irán y para el desbloqueo de Hormuz se inscribe en este marco. Hoy no está en discusión la OTAN como tal. Pero ciertamente está en curso una profunda reestructuración de la Alianza. El famoso Artículo 5 de la Alianza Atlántica, en sus implicancias militares reales, sufre un progresivo vaciamiento político. Los imperialismos europeos son llamados a asumir un compromiso militar creciente a costa de sus propios asalariados.

El imperialismo alemán se postula para dirigir el brazo europeo de la Alianza Atlántica. Alemania quiere alcanzar lo más rápidamente posible el objetivo del 5% del PBI destinado al gasto militar. “Nuestro objetivo es una nueva distribución de las cargas dentro de la alianza OTAN, que corresponda al potencial económico y militar de Alemania…”, esto declaró el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, tras la anunciada “retirada” estadounidense. Es también el desafío alemán a las ambiciones hegemónicas del imperialismo francés en el terreno militar europeo. En cuanto al imperialismo italiano, su objetivo es consolidar, con recursos crecientes, la conducción de la rama sur de la alianza, la que controla el Mediterráneo y el norte de África.

Sin duda, la idea reformista de “una Europa de paz” por ser “más autónoma de Estados Unidos” es la ilusión que encubre una realidad invertida. La de una Europa capitalista cada vez más armada, que deposita en el rearme la esperanza de relanzar su peso negociador en el nuevo reparto de los equilibrios mundiales. Solo la lucha por un gobierno de los trabajadores, en cada país y a escala continental, puede enfrentar esta perspectiva. Solo una Europa Socialista puede realizar una verdadera alternativa.