Bolivia ha entrado en una crisis revolucionaria. Esta introducción recoge el análisis de los camaradas del MST en Bolivia y explica los antecedentes, el papel de la COB y la lucha por la sustitución de Rodrigo Paz.

Por KD Tait

Desde principios de mayo, Bolivia ha pasado de las huelgas y los bloqueos de carreteras contra la subida de los precios del combustible y las medidas de ajuste a un enfrentamiento político abierto con el gobierno de Rodrigo Paz. La capital, La Paz, ha quedado aislada por los bloqueos de la Central Obrera Boliviana (COB) -la principal federación sindical del país, fundada tras la revolución de 1952-, los sindicatos campesinos y los mineros. El movimiento se ha ampliado a los transportistas, los profesores, las organizaciones vecinales y los pobres de las ciudades, mientras que la exigencia de dimisión de Paz se ha situado en el centro de la lucha.

La crisis ya ha atraído a la región. El gobierno de Trump ha denunciado las protestas como un intento de «golpe de Estado» y ha respaldado públicamente al Gobierno de Paz; el presidente de la izquierda colombiana, Gustavo Petro, ha calificado los hechos de «insurrección popular», provocando la expulsión del embajador de Colombia; y el MST denuncia que el presidente argentino de extrema derecha, Javier Milei, ha suministrado ayuda material al Estado boliviano. Una vez más, se está desarrollando una situación revolucionaria en Bolivia. Este artículo presenta los antecedentes de la lucha y las cuestiones políticas clave que se decidirán en los próximos días y semanas.

Los artículos enlazados a continuación son producidos por el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) de Bolivia, con el que colabora la Liga Internacional Socialista, la tendencia internacional a la que Workers Power está ahora afiliada tras el proceso de reagrupamiento iniciado el año pasado entre la Liga por la Quinta Internacional y la LIS.

Son importantes porque proceden de militantes implicados en el propio movimiento: en el movimiento de los mineros, en los debates de la COB y en las movilizaciones obreras, campesinas y populares más amplias a las que se enfrenta ahora el gobierno de Paz. Están escritas al calor de los acontecimientos, como un intento de clarificar las consignas y la estrategia necesarias para llevar adelante la lucha.

Antecedentes: el fin de la era del MAS

Rodrigo Paz Pereira asumió el poder en noviembre de 2025 como candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC), una formación católica de centro-derecha. Ex senador por Tarija e hijo del ex presidente del MIR Jaime Paz Zamora, Paz fue elegido junto a su compañero de fórmula Edmand Lara, un jefe de policía retirado que se construyó un perfil denunciando la corrupción dentro del aparato de seguridad. Su victoria puso fin a veinte años de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales y su sucesor Luis Arce.

El colapso del proyecto del MAS –el experimento de la «marea rosa» más longevo de América Latina, a veces teorizado por sus propios dirigentes, especialmente el ex vicepresidente Álvaro García Linera, como «capitalismo andino-amazónico»- es el telón de fondo político de todo lo que ha venido después. Dos décadas en el poder no rompieron el poder de la oligarquía agroindustrial oriental, no aflojaron la dependencia del país del capital extractivo y terminaron con la amarga ruptura Morales-Arce, una crisis económica y la alienación de gran parte de la antigua base indígena y obrera del MAS.

Una parte de esa base votó por Paz con la promesa de una ruptura «moderada» con la vieja derecha neoliberal y la preservación de los bonos sociales de la era del MAS; otra parte votó nulo o se quedó en casa. El adversario derechista de Paz en la segunda vuelta, el ex presidente Jorge «Tuto» Quiroga Ramírez, fue rechazado como representante de la vieja derecha oligárquica.

Este es el último giro en un país con una de las tradiciones obreras y campesinas más combativas del hemisferio: la revolución de 1952, que estableció la COB como un órgano de poder obrero junto al Estado burgués; la guerra del agua de Cochabamba de 2000; la guerra del gas de 2003, que derrocó a un gobierno neoliberal; y el levantamiento de 2019. Los artículos enlazados a continuación deben leerse en relación con esa historia.

Evolución de la situación

La trayectoria de los acontecimientos se esboza en los artículos enlazados a continuación. Las elecciones de octubre de 2025 pusieron fin a veinte años de gobierno del MAS. El agotamiento del proyecto de Arce y Morales rompió su control sobre gran parte de su antigua base de masas, mientras que una parte de esa base se inclinó hacia Paz por las promesas expuestas anteriormente.

Esas promesas sólo duraron lo que duró la campaña. Para Navidad, Paz había impuesto el Decreto Supremo 5503, que eliminaba la subvención a los combustibles y abría una agenda de privatizaciones más amplia. La COB convocó una huelga general indefinida. Un elemento clave aquí es que la huelga se llevó a cabo bajo una nueva dirección de la COB. En su XVIII Congreso, celebrado en octubre de 2025, la COB eligió al representante de los mineros de Huanuni, Mario Argollo Mamani, como secretario ejecutivo, en sustitución de Juan Carlos Huarachi, que había dirigido la confederación durante ocho años y que, según la opinión general, había protegido a los gobiernos del MAS de la presión de las bases. La elección de Argollo fue impulsada por la federación minera, la FSTMB, y reflejó una rebelión más amplia de las bases contra el liderazgo conciliador del periodo del MAS. El congreso también rechazó el informe de Huarachi e impidió a su comité saliente seguir ocupando cargos sindicales.

La nueva dirección consiguió la derogación del Decreto 5503 a mediados de enero, pero luego firmó un acuerdo con el gobierno y suspendió los bloqueos. Esto dio margen a Paz para volver con un nuevo paquete de medidas, incluida la Ley 1720 de reconversión de tierras, que habría permitido a los bancos confiscar pequeñas propiedades campesinas.

Esa traición encendió la mecha de Mayo. Desde la movilización del Primero de Mayo convocada por la COB, las bases han obligado a la dirección a firmar un «Pacto de no traición»; la demanda ha cristalizado en «Fuera Paz»; la alianza de obreros y campesinos se ha visto reforzada por los pobres urbanos de El Alto y la confederación de trabajadores autónomos; y después de que una ofensiva militar disfrazada de «corredor humanitario» matara a Víctor Cruz en Calamarca el 24 de mayo, las redes de suministro autoorganizadas han empezado a transportar alimentos, oxígeno y medicinas fuera del control del Estado. Argollo y otros veinticuatro dirigentes sindicales se enfrentan ahora a órdenes de detención por «terrorismo».

La cuestión estratégica

Los camaradas del MST luchan por sacar conclusiones revolucionarias de los órganos reales y de las consignas lanzadas por la propia lucha. El argumento se expone ampliamente en una importante entrevista con el dirigente del MST Juan José Villa, que recomendamos leer íntegramente.

Villa sostiene que la COB, a través de las confrontaciones de enero y mayo, ha sido empujada más allá del papel de una confederación sindical ordinaria y ha comenzado a actuar como un órgano de doble poder. Sobre esta base, sostiene que la consigna del momento -la consigna que vincula la demanda inmediata de renuncia de Paz con la cuestión del poder- es: todo el poder a la COB y a las organizaciones campesinas y populares en lucha. Esto incluye a la Central Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el principal sindicato campesino; la Federación Tupaj Katari de las provincias aymaras de La Paz; y las juntas vecinales de la FEJUVE de El Alto.

Entonces, ¿qué sustituye a Paz si cae? Por un lado están las soluciones sucesorias burguesas: El vicepresidente Edmand Lara asumiendo el cargo, nuevas elecciones o una recomposición parlamentaria. Estas soluciones están siendo promovidas, en diferentes formas, por la nueva formación de Evo Morales, «Evo Pueblo», y por el Partido Comunista. En el otro lado están las corrientes de extrema izquierda que plantean alternativas abstractas como las «asambleas populares», al tiempo que niegan que la COB y las organizaciones que la rodean se hayan convertido en el foco concreto de la lucha por el poder.

El MST defiende un rumbo diferente: luchar a través de los verdaderos organismos de masas que el movimiento ha creado, exigir que la COB y las organizaciones campesinas y populares asuman la responsabilidad del poder y construir la dirección revolucionaria necesaria para llevar a cabo esa lucha.

Esa es la posición que se opone a quienes niegan la situación revolucionaria porque su propia organización es pequeña. La cuestión no es si los revolucionarios son ya suficientemente fuertes para dirigir. Se trata de si pueden reconocer el potencial objetivo del movimiento e intervenir en él con consignas que correspondan a su desarrollo real.

En Bolivia se está produciendo una situación revolucionaria. Su desenlace aún no está decidido. Workers Power defiende los métodos establecidos en el programa de la Liga Socialista Internacional: la independencia de clase, la lucha por órganos de poder obrero y la lucha por una dirección revolucionaria internacional. Publicaremos más material de los camaradas del MST, incluida la entrevista completa a Villa, en este sitio a medida que se desarrollen los acontecimientos.

Los lectores británicos e internacionales pueden seguir directamente los escritos del MST en lis-isl.org.

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